domingo, 22 de abril de 2018

LA MEDIDA DEL ESPÍRITU


Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. Juan. 3:34.
Sería muy tentador que todo aquel que está lleno del Espíritu Santo tienen el Espíritu sin medida. 

¿Puede Dios darle a cualquier persona la presencia y el poder del Espíritu Santo en forma ilimitada? 

Es como preguntar si el embalse de Mequinenza puede contener el Océano Pacifico. El contexto de Juan 3:34 es decir, el Cristo (cap.1:14; 3:31). 
El Padre envió a su Hijo a esta tierra. Cristo no vino en su propio nombre ni hablando sus propias palabras, sino que vino en el nombre del Padre y hablando las palabras del Padre (cf.5:19,30 etc.). 

Es el único que ha recibido en su plenitud y sin medida el Espíritu Santo, porque en él mora la plenitud de la Deidad corporalmente (Col. 2:9). Sólo él es el resplandor de la gloria de Dios y la expresa imagen de su persona. 

Juan declara que la razón por la cual el ministerio de Jesús ha sido tan exitoso es el hecho de que él vino “de arriba” (ver.31), y que viviendo aquí como hombre entre los hombres había sido lleno del Espíritu Santo. 

Sólo Jesús sostiene todas las cosas que existe en el universo por la palabra de su poder (Heb.1:3). Como ser divino, Jesús no tenía la menor necesidad de que le fuera dado el Espíritu Santo; pero como ser humano todo lo que tenía lo había recibido del Padre. 

Es importante que cada cristiano lleno del Espíritu recuerde la advertencia de Pablo a los creyentes de Roma y a nosotros. 
Antes de háblales de los dones del servicio que había recibido del Espíritu Santo, les recordó que había recibido una “medida de fe” y que no debía pensar de sí mismo más elevadamente de lo que correspondía (Rom.12:3). 

Se me corrompe los hígados cuando veo a cristianos llenos de Espíritu Santo “dicen ellos” actuando como la elite espiritual para dirigir a la manada (Efe. 5:18). Pablo no empequeñece al Espíritu Santo ¡No! Lo engrandece. 

El Espíritu Santo obra en diferentes personas el hacer como el querer según su voluntad. 

Pablo nos insta a que pidamos con existencia el poder del Espíritu Santo y así ser llenados de su poder. 

Él quiere que recordemos que aunque Dios ha puesto a nuestra disposición el extraordinario poder del Espíritu Santo, tiene una eternidad de recursos para nosotros, que transciende todos los limites del ser humano que pueda experimentar en esta vida.  

Hay una pregunta que nosotros deberíamos contestar con sinceridad: ¿Nos hemos dado a Dios “sin reserva”? Sí fuese así, Dios derramara su Espíritu con poder y gran gloria para terminar la obra aquí en la tierra. Amen.
MARANATA
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