martes, 3 de abril de 2018

LA ADORACIÓN VERDADERA.


Dios es Espíritu; y los que adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan.4:24
Un joven muy cristiano decía: “No saco nada de provecho de los servicios de adoración”, Me decía un joven catequista universitario de Zaragoza. Ya que se requería la asistencia obligatoria a la iglesia y a los diferentes misas. 

Creo que la adoración, como el amor, no pueden ser legislada o impuesta por la fuerza. Otro amigo suyo cristiano no católico me decía lo mismo. 

La semana de oración debe ser un culto espontaneo para adorar a Dios, que es atraído a nosotros por el amor del Padre celestial. 

El culto es para alabar a Dios, y llevarle todas nuestras inquietudes, y por ende para pedir por los enfermos y por el derramamiento del Espíritu Santo. 

Los ángeles se deleitan en alabar a Dios. Nosotros los cristianos deberíamos hacer lo mismo. 

Una persona ciega jamás podrá ver la gloria del sol, pero puede sentir su calor. 

Un sordo no puede oír la quinta sinfonía de Beethoven. Creo, que no es posible adorar realmente a Dios a menos que el Espíritu Santo haya abierto los ojos y los oídos del entendimiento espiritual, y ver la gran belleza del amor de Dios por nosotros. 

A la iglesia no se va por asistir o para que vean que buen cristiano eres. ¡'No! Eso sería una hipocresía, y eso no lo acepta Dios. 

La oración es abrir a Dios, y contarle todo lo que hay en tu corazón, es abrir las ventanas de tu alma sabiendo que Él te escucha. Él Espíritu es él que transforma tu oración, por qué como humanos somos imperfectos. Tenemos un ejemplo en la Palabra de Dios, el fariseo y el publicano. 

“Yo Señor doy tu diezmo, ofrendas, boy adorarte al templo; el publicano decía en su interior: Señor no soy digno de levantar mi vista ante ti oh Señor. Es fácil suponer que los rituales y ceremonias externos son la base de la verdadera adoración. 

Vas al templo para que vean el vestido nuevo que hoy estrenas, oh el traje que te has comprado. 

Se han considerado más importante el templo de adoración que la oración en sí. 

“Triste pero cierto” Pronto tendremos el jubileo, y la gente vera en la iglesia una gran multitud, pero su alma estará vacía. 

Se programa la hora de los cultos como si el amor y la adoración a Dios pudiesen compartimentalizarse (“kompa.t'mentalaiz) del resto de la vida. 

La relación personal con Dios debe ser diaria, y el Espíritu nos inducirá a pasar a solas con Dios. Sólo por medio de la meditación y la oración estaremos más cerca de Dios.
MARANATA.
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