sábado, 31 de mayo de 2014

DE LUCIFER A SATANÁS

¡Cómo caiste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.  Tú que decias en tu corazón: Subiré al cielo;  en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altisimo. Isa. 14: 12-14.

Lucero hijo de la mañana: Heb. helel ben shajar. "el que brilla hijo de la mañana". El nombre helel, del verbo halal ("dar luz", "brillar"). 
Si lo comparamos con los planetas de Venus, de Sirio. Venus puede verse a simple vista a mediodía, y de noche proyecta una sombra. En la LXX, helel se traduce como hesfóros " portador del alba" o "estrella matutina. 

 ¿Cómo pudo ser posible que el ser más exaltado de la creación de Dios, a quien ahora conocemos con el nombre de Satanás, el engañador del universo, haya decidido caer en la imperfección?

La caída de Lucifer es tan incomprensible como la de Adán.  Ni Adán ni lucifer tenían inclinación al mal cuando fueron creados.  Dios los creó perfectos. Ambos eran santos, sin vestigios de mezquindad.

Tenemos que llegar a la conclusión de que el pecado surgió por sí mismo.  Ciertamente no hubo "error alguno en el gobierno divino que diera lugar a la rebelión". (C.S. p. 546).

Pero el hecho de que el pecado existe prueba que Dios es amor a su máxima potencia.  Corrió el riesgo de dotar de libre albedrío a todos los seres creados e inteligentes.  Dios no obliga a nadie a servirle.  Su corazón amante se regocija cuando las criaturas que lo aman le obedecen voluntariamente.

Por otra parte, la única manera en que alguien puede conocer el gozo y la felicidad de seguir a Dios consiste en decidir servirlo.  Sí Lucifer hubiera estado obligado a servir a Dios, tal vez podría haber habido una explicación para su caída.

Nuestro texto afirma con claridad que el amor a sí mismo  se convirtió poco a poco en el dios de Lucifer.  Aunque no era más que un ser creado, pretendía recibir el honor que sólo debe darse al Creador.

Nótese cuidadosamente que antes de la manifestación de cualquier clase de pecado extremo, primero se reveló en él una actitud pecaminosa íntima. La declaración: "Tú que decías en tu corazón", no da la clave acerca de la naturaleza del pecado.

Es básicamente una actitud mental.  Es también un actitud espiritual. Cuando vemos los cuarenta años que paso Israel por culpa de su transgresión, y los 190 años que lleva el pueblo de Dios  en el desierto de las naciones por culpa de su transgresión. Debiéramos de preguntarnos: ¿Hasta cuando dejaremos de servir entre  dos ideas, oh servimos a Jehová o al mundo?

Cuando vemos a una gran mallaría de creyentes irse más al mundo que servir a su Señor, cuando las ideas del mundo entra en su iglesia, recordemos que estamos presenciando el fruto de una actitud que tubo su origen en el cielo, pero que a la larga traerá grandes consecuencia para su pueblo.

El pronombre yo, que se encuentra implícito en el verso que estamos meditando, nos permite percibir el egoísmo del primer rebelde.  El egoísmo lo condujo a su caída y lo indujo a desarrollar un sistema de oposición organizada contra el gobierno de Dios.  Satanás es el originador del egoísmo, y "el egoísmo es la esencia de la depravación" (C.M.C. p.27).
 "En el servicio de Dios hay gozo y satisfacción;  Dios no abandona al cristiano en caminos inciertos; no lo abandona a pesares vanos y contratiempos" (CC. 124). 
Maranata.
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la Biblia a través del tiempo.

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