jueves, 8 de mayo de 2014

¡EL ACEITE DEL DORADO!

Esta es la palabra de Jehová. . . que dice:  No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. Zac. 4:6.

Al profeta Zacarías lo despertó de su sueño un ángel que le mostró un candelero de oro, un depósito, lámparas, olivos  y tubos. Dos tubos se extendía desde los dos olivos hasta el hermoso depósito de oro que estaba encima de un gran candelabro.

Del depósito salían siete tubos diferentes que iba hasta los brazos del candelabro, que sostenía la siete lámparas.
El aceite es el elemento esencial de la visión.  Zacarías dice que era un "aceite como de oro".  Al contemplar la visión, el profeta quedó perplejo.  Le preguntó al ángel qué significaba todo eso.

En nuestro versículo de hoy se allá la respuesta.  De acuerdo con la palabra del Señor, no significa fortaleza humana, si poder, ni aceite literal, sino "mi Espíritu".  Los dos olivos representan a los santos que está, en la presencia de Dios.  
Por medio de éstos el Espíritu Santo se imparte a los instrumentos humanos que están totalmente entregados y consagrados al servicio de Dios.

El aceite dorado del Espíritu Santo imparte luz y poder al alma que se rinde a él, la que a su vez transmite luz y amor a otros.  Hoy necesitamos el aceite de oro para nuestro propio bien. En segundo lugar, lo necesitamos por el bien de los encontramos a lo largo de nuestro camino.

Un hombre no puede impartir lo que no a recibido, o lo que no tiene.  Un armario lleno de velas no dará luz hasta que ellas mismas estén ardiendo.  Esto me hace recordar a los hombre que querían buscar el Dorado.  Lo tenían a la vista, pero ellos nunca lo supieron, porque estaban cejados por la ambición de este mundo, la luz resplandecía, pero ellos nunca lo supieron.

 Una maravillosa mañana Jesucristo encontró en el camino a dos hombres descorazonados.  Era el día de la resurrección, pero los hombres no sabían que su Señor estaba con vida, ni lo reconocieron.   
Cuando le confiaron su decepción respecto a la crucifixión y al aparente fracaso de su misión, el Maestro empezó su consejo con las palabras: "¡Oh, insensatos!"  

Y entonces el aceite dorado comenzó a fluir.  Mientras el Forastero exponía las profecías, el Espíritu Santo hizo su obra y los discípulos fueron iluminados.  

Después dijeron a sus hermanos: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?" (Luc. 24:32).
Compartamos la luz que hemos recibido de nuestro Dios, con aquellos que nos encontremos en el camino.
Maranata. 

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