sábado, 13 de diciembre de 2014

TENEMOS QUE EXPERIMENTARLO


Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que ande en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios. Ezequiel 11:19-20.

Amanecía, el sol salia sobre las montañas que forman el telón de fondo de la cordillera pirenaica que divide España y Francia.
Me encontraba en la cumbre a unos 1.400 m. Contemplaba la belleza y la hermosura de las montañas. Cuando mis pensamientos me recordaron al capitulo 3 de Juan que nos habla del nuevo nacimiento.

La nieve era copiosa y en abundancia, unos de mis compañero dijo: “Sino nacemos otra vez, no veremos el reino de nuestro Dios” Allí estaba un ivon ante nuestra vista lleno de agua cristalina, la temperatura era de tres grados bajo cero.

Todos nos quedamos en silencio, esperando que algún valiente se zambullera en las aguas. Un compañero dijo: “Si no nacemos de nuevo no podemos ver el reino de nuestro Dios, a lo que agrego el siguiente, tenemos que cambiar nuestro chi, y nuestra manera de pensar, sino hacemos esto no veremos a nuestro Maestro”.

Pero lo más sorprendente fue la declaración de uno que no era creyente. Mi vida a sido muy alocada, vacía, sin esperanza, pero cuando subo a las cumbre del Aneto veo la grandeza de un Dios que me llama. 

Y agrego ¿como puedo ver a ese Dios vuestro, cuando venga? El silencio fue patente, se podía cortar el viento con un cuchillo, no sentíamos el frio, solo había calor en nuestros corazones. 
¡Era posible lo que habíamos oído! A través de un paisaje, un simple comentario de un testo bíblico, puede Dios tocar los corazones de los hombre.

Esto me recuerda que un conocimiento teórico de lo que llamamos “la verdad” no nos salva, ni nos prepara para el reino de Dios. Cierto es, que el testimonio personal y ferviente de lo que ha hecho Cristo en nuestra vida, y que a muerto en el Calvario, tiene que reflejase con nuestras palabras con nuestros hechos, es una evidencia para los demás de que Cristo a transformado nuestras vidas, y experimentaremos una nueva renovación y Santificación y una justificación por su gracia salvadora.
Pero es necesario obedecer la ley de Dios, ley que no fue clavada en la cruz, sabemos que la ley no nos salva, pero los que han nacido de nuevo se deleitara en obedecer la ley y guardarla.
El ir cada día asemejándonos a Cristo por medio de la renovación y la experiencia del nuevo nacimiento sera la mejor bendición que el cristiano pueda recibir, el amor de Dios se podrá transmitir al hombre. ¿Que puede ser más hermoso que caminar con Cristo, en una nueva vida? 
MARANATA.
Les agradezco sus oraciones, no estoy muy bien, pero por la gracia de Dios se que me recuperare de la vista. Sigan orando por mi recuperación. Que la paz de Nuestro Señor Jesucristo
sea con ustedes.
Luis José de Madariaga.
La Biblia a través del tiempo.

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