miércoles, 7 de agosto de 2019

PAN PARA EL HAMBRIENTO.


Bienaventurado los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Mat. 5:6
Es muy difícil el significado de este pasaje para el hombre moderno porque la palabra “Justicia” rara vez se usa, a no ser en oraciones o sermones de los Santos. 

Para la mentalidad de nuestra época muy moderna, la persona “justa” da la impresión de un fariseo moderno, que se siente más santo que sus hermanos. 

 Pero esto está lejos del significado que le dio Jesús a estas palabras divinas, y la persona que tiene hambre y sed de justicia es una persona que desea profundamente estar en armonía con Dios. 

Y dentro de este contexto se nos dice que esta bendición de tratar de asemejarse a Dios no se gana “por conflictos personales ni por rudo trabajo, ni aun por dones o sacrificios. . . 
sino que se concede gratuitamente a toda alma que tiene hambre y sed de recibirla” (D M.J. p.23). 

Por otro lado, los que anhela la justicia con la apremiante ansiedad del que se muere por falta de alimento o de agua, la encontrara. 

Ningún recuso natural puede satisfacer el hambre y la sed del alma. 

No son suficientes ni riquezas materiales, ni profundas filosofías, ni la santificación de los apetitos, ni el honor, ni el poder. “Todo esto es vanidad”. 

Nada produce la santificación y la felicidad que el corazón humano anhela. El hombre debe de reconocer al Creador y cooperar con él proporciona la única satisfacción duradera (Ecl. 12:1, 13). 

Unos meses después Jesús del sermón del monte, Jesús pronunció otro gran discurso, esta vez hablo del pan de vida (Juan 6:22-59), en este plan presento más detallada su plan. 

Jesús era el “pan” de vida del cual los hombres deben tener hambre, y participando de ese “pan” produce una vida espiritual muy elevada y satisfacer el hambre del cristiano sincero. 

Se nos hace una invitación bondadosamente a los que tienen hambre y sed que vayan al que provee el alimento comida y bebida, sin “dinero” sin “plata” (Isa. 55:1-2). La justicia no todos la entendemos del mismo modo. 

Para los seguidores de Cristo, la “justicia” tiene un sentido más amplio, que los demás seres humanos. 

En vez de establecer su propia justicia, los cristianos deben someterse a “la justicia de Dios” (Rom.10:3). 

El cristiano debería buscar la justicia “que es por la fe de Cristo, y la justicia que es de Dios por la fe”. 

La justicia de Cristo es tanto imputada como impartida. 

La justicia imputada produce justificación; pero el alma justificada cree en la gracia.

Por medio del poder de Cristo vive el alma, el cristiano conforma su vida con los requerimientos de la ley moral tal como fue expuesto por Jesús. Esta es la justicia impartida. (PVGM 251-253).
MARANATA.
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Notificación: Estimados lectores de este blog. Oren por mi salud y por este proyecto . Sal. 62: 7

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