jueves, 15 de diciembre de 2016

PROSIGO A LA META.


Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: Olvidando ciertamente lo que está atrás , y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Fil. 3:13-14.
En la carrera celestial, todos podemos correr, y recibir el premio. No hay incertidumbre ni riesgo en el asunto. 
Debemos revestirnos de la gracia celestial y con los ojos dirigidos hacia arriba, para obtener la corona de la inmortalidad, y tener presente el Modelo. . . Debemos tener constantemente presente la vida de humildad y abnegación de nuestro divino Señor. 
Y a medida que procuramos imitarlo, manteniendo lo ojos fijos en el premio, podemos correr esa carrera con certidumbre, sabiendo que si hacemos lo mejor que podamos, lo alcanzaremos con toda seguridad. . . 
Ya tenemos este gran incentivo, Puestos los ojos en el autor consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menos preciando la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Parafraseando el verso. 
¿”No podemos correr con tranquilidad la carrera que tenemos por delante, debemos poner los ojos en Jesús, que es el consumador de la fe”? (Heb. 12:1-2). Cristo nos ha indicado el camino, y nos ha señalado con sus pisadas por todo el trayecto. (J T. tom. 1. p. 184-185). 
No es digno de alabanza de hablar de nuestras debilidades ni desaliento. Diga cada uno: “Estoy afligido porque cedo a la tentación, porque mis oraciones son débiles y mi fe muy escasa. No tengo excusa para defenderme por estar siendo empequeñecido en mi vida religiosa. 

Pero estoy tratando de lograr la entereza del carácter de Cristo. He pecado, y aun así amo a Jesús. He caído muchas veces, y con todo, él ha tendido su mano para salvarme. Le he contado todos mis errores. 
He confesado con vergüenza y dolor que lo he deshonrado. He mirado la cruz y he dicho: todo esto sufrió por mí. El Espíritu Santo me ha mostrado mi ingratitud, mi pecado, al exponer a 
Cristo a la vergüenza pública, incluso privada. El que conoce el pecado me ha perdonado. Me llama a una vida más noble, elevada, y yo prosigo a las cosas que están delante”
Maranata
Luis José de Madariaga.
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