sábado, 14 de mayo de 2016

LA PRUEBA DEL APETITO.


Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pomgo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. 1º Cor. 9:27.
Después de su bautismo, el Hijo de Dios fue al triste desierto donde sería tentado por el diablo. Por cerca de cuarenta días soportó la agonía del hambre. . . Conoció el poder del apetito sobre el hombre, y en beneficio del hombre pecaminosos soportó la prueba más dura posible en ese punto. 

Allí ser gano una victoria que pocos pueden apreciar. El poder dominador del apetito depravado y el ignominioso pecado de complacerlo sólo puede entenderse por la longitud del ayuno que nuestro Salvador soportó para poder quebrantar su poder. 
La intemperancia está en la base de todos los males conocidos por el hombre. 

Cristo comenzó la obra de redención en el mismo lugar donde comenzó la ruina. Eva codicio, deseo, anhelo, vehementemente la fruta, donde no pudo ella vencer, venció Cristo. 
La caída de nuestros primeros padres se debió a la complacencia del apetito. En la redención, la negación del apetito fue la primera obra de Cristo. (S. of C . p. 10,12). 
Pablo hace referencia a poner en servidumbre no solamente el apetito,sino las pasiones del hombre. 

El verbo hupopiázo describe vívidamente el rigor y la dureza con que los cristianos genuinos deben tratar su naturaleza pecaminosa. Lo pongo en servidumbre. Así muestra Pablo su firme propósito de ganar una victoria absoluta sobre sus malas inclinaciones. 
El Hijo de Dios vio que el hombre no podía por si mismo vencer esta poderosa tentación. . . . Vino a la tierra para vencer con su poder divino con nuestros esfuerzos humanos, para que mediante la fuerza y el poder moral que él imparte podamos vencer por nosotros mismos. 
¡Oh! Que incomparable humillación para el Rey de gloria venir a este mundo para soportar los dolores del hambre y las fieras tentaciones de un astuto enemigo para poder ganar una infinita victoria para el hombre. 
 
Sin embargo esta gran humillación es apenas oscuramente comprendida por aquellos para quienes fue hecha. . . 
Con la naturaleza del hombre y con la terrible peso de los pecados que pesaban sobre él, Nuestro redentor hizo frente al poder de Satanás en está gran tentación decisiva que arriesgaba las almas de los hombres. 
Si el hombre podía vencer esta tentación, podía triunfar en cualquier otro punto. (Ibid). 
Maranata
Luis José de Madariaga.
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