jueves, 10 de mayo de 2018

LA JUSTICIA JUSTA.

Oídme, lo que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por su ultraje. Isa. 51:7
Lo que más teme el ser humano es la desaprobación de la sociedad en la que vivimos. 

Por ende también la desaprobación de Dios. Los que conocen la justicia y la ley ya que fue implantada por Dios en el corazón del hombre. 

Es la voluntad revelada y grabada en la mente de ellos, y su carácter es similar al carácter divino. No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gal. 3:20). 

El hombre duda de sus propias convicciones, y de nuestros propios valores, cuando no estamos desacuerdo con otros. Sim embargo, el temor de estar solo en situaciones donde depende nuestra fragilidad, y es posible que estén manipuladas. 

Donde vivimos en un mundo cambiante constantemente de las ideas y los conceptos de la vida. Creo que no es una condición saludable para nuestra mente. Es posible que algunos se plante un problema en su mente. 
¿Como puede el Padre celestial preparar un pueblo que sea capaz de mantenerse solo de parte de lo que es correcto dentro de los conflictos eminentes, y ir contra la opinión popular de este mundo? Hay otra pregunta en cuestión. 

¿Como un hijo de Dios pueda mantenerse fiel antes la opinión publica, sabiendo la la furia del ser humano lo llevaría a una muerte segura. Cuando vemos que no hay justicia por parte de los jueces, ya que cada uno interpreta la ley a su modo. 

El amor de Dios no va dando gritos ni ordenes que amenaza al ser humano.Tampoco su pueblo no reemplaza el miedo con el miedo. El pueblo de Dios escucha las instrucciones a través del Santo Espíritu, ya que nos instruye en los caminos de la justicia. 

Y es él mismo Espíritu Santo que escribe la ley en nuestros corazones. Vemos otro rasgo de amor, su inmenso amor nos da la fuerza y el sentido de seguridad para lo que está por sobrevenir a su pueblo. 

Vemos que Dios trata a su pueblo con un inmenso amor. Amor que aveces no comprendemos o no lo entendemos, ya que nuestros ojos están en otra dirección. 

¿Quién hay entre vosotros que teme (respeta) a Jehová, y oye su voz de su siervo? 

Dios escribe en nuestros corazones su ley para que lo representemos ante todas las naciones. Nuestro Dios nos da la seguridad interna, una confianza que el mundo no conoce. 

“No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino el poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim. 1:7). 

El verdadero hijo de Dios, no debe de tener temor por los acontecimiento que ha de sobrevenir ha este mundo. Cercano esta ese día, donde podremos contemplar la gloriosa Venida del Hijo del Hombre. ¡Amen!
MARANATA.
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