miércoles, 14 de febrero de 2018

JESÚS SANA A LOS DIEZ


Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? Y los nueve, ¿dónde están? Lucas 17:17
Para el ser humano es muy difícil entender plenamente qué significa ser leproso como en los tiempos de Jesús. Actualmente, la lepra es una enfermedad que puede mayormente ser evitada; si se contrae, puede ser hasta cierto tratada con éxito. 

Pero entonces era más que una temida enfermedad fatal, más que un terrible mal que destrozaba todo apreciado contacto físico de un ser querido. 
Lo más horrible era que todos consideraban la lepra como un castigo divino, un castigo público por el pecado, una señal de su segundo rechazo. 

En aquella época la gente no se bañaba mucho, y la higiene era el campo de cultivo para las enfermedades. Esto paso en Europa con la peste negra.

Y así el leproso soportaba si existencia lugares deshabitados, despojados de toda esperanza en esta vida y sentenciado a la destrucción eterna después de la liberación que para él significaba la muerte. 
A los ojos del pueblo, la condición incurable de un leproso era prueba de que Dios nunca revocaría su juicio. 

En esos momentos de crisis y de pobreza para muchos de Israel, fue cuando apareció Jesús el santo de Israel, lleno de verdad acerca de su Padre. 

Deseaba mostrarle a las gentes que su Padre no inflige enfermedades como castigo por el pecado. Jesús quería que ellos supieran que todos los pecadores hallarán perdón cuando acudan a su Padre. 

Si alguna vez hubiera pasado junto a un leproso sin sanarlo, habría confirmado el temor de la gente de que Dios no perdonará a los pecadores afligidos. ¡No es extraño que las Escrituras indiquen que Jesús sanó a cada leproso que encontró a su paso! Jesús sano a diez de ellos a la vez, en los limites de Galilea. 

Estos diez hombres eran inmundos, aislados de la sociedad, y por supuesto médicamente, Jesús los sano los transformó en sanos y limpios, aceptables para reunirse con su familia, y públicamente inocentes. 

Pero sólo uno sintió que había sido sanado, su agradecimiento era tal, que quería dar gracias a su hacedor o a su sanador. Dios fue glorificado delante de todos los presentes, así el pueblo de Israel, debía tener claro que Dios no reprendía al hombre con enfermedades por sus pecados. 

El leproso adoro a los pies de Jesús dando gloria a Dios. ¿Que pasa con los nueve restantes? Lo que todos vieron fueron sus espaldas sanadas, porque sus ojos están fijados en su piel ahora fresca mientras se alejaban precipitadamente para disfrutar los beneficios. 

Lo que sabemos es que no había gratitud por el dador. ¡La dádiva pasó a ser el fin en si misma, y no tuvieron tiempo para Jesús! El amor inmenso de Jesús no los “maldijo” haciendo que la lepra volviese. Aun en este decepcionante desenlace, Jesús permaneció fiel a su Padre. 

Aunque el perdón se ofrece gratuitamente a todos, sólo los que regresan y caen a los pies del Perdonador tiene acceso a la vida eterna. A los otros no les anula su perdón. 

Pero eso no importa. ¡Están perdidos de todos modos, no porque no están perdonados, sino porque se gratifican con la dádiva, ignorando al dador de la vida.

[Gracias por buestras oraciones, estoy bastante bien de los picores, aunque es proceso es lento, aun que espero con la ayuda de Dios se me corija. No se vuestras creencias, pero se que Dios os escucha. Ruego a Dios que os de su bendición. Gracias por todo].
Maranata.
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