viernes, 18 de diciembre de 2015

RECIBIR LA PALABRA CON CONFIANZA


Yo, yo soy el que borro, tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte. Isa. 43:25,26.
 Nuestro peor enemigo Satanás vendrá a ti y ami diciéndonos: Tú eres un pecador. Pero no dejes que él llene tu mente con el pensamiento de que, porque eres pecador, Dios te ha rechazado. Sí yo soy un pecador, por eso necesito un Salvador. 

El profeta Isaias presenta claramente a Cristo como el que salva al hombre del pecado. El perdón divino no es meramente una transacción legal que borra del registro los pecados, sino un poder transformador que elimina el pecado de la vida. 

Al borrar la transgresión, Dios transforma los pecadores en santos. Ahora bien, tiene que haber una confesión sincera, un arrepentimiento sincero, y una voluntad de transformación de parte del pecador. 

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de la maldad” (1º Juan. 1:9). 

No solamente tienen problemas los Judíos y los musulmanes, a la hora de entender que hay un perdón a través de Cristo, también muchos cristianos. En el momento en que nos aferramos a las promesas de Dios por la fe y uno dice: “Yo soy la oveja perdida que Jesús vino a salvar”, una nueva vida tomará posesión de ti y de mi, y recibiremos la fuerza para resistir al tentador. 

Pero la fe para aferrarse a las promesas no viene mediante el sentimiento. “La fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios” (Rom. 10:17). 

Abraham creyó confió, y obro, y fue justificado. No debes esperar que se realice algún gran cambió, no debes sentir alguna emoción maravillosa. Eses no es el método de Dios. 

El Espíritu debe hacer una impresión en tu mente. . . Debes tomar confiadamente la Palabra de Dios diciendo: El me ama, Dio su vida por mí, y me salvará. . . No te mires a ti mismo sino a Jesús. Abrázalo como a tu salvador. 

Hace tiempo conté una experiencia de una mujer muy avanzada que le regalamos mi compañero y yo, un camino a Cristo, no sabía nada de la salvación, pero todos los días vimos su cara más alegre, esa mujer conoció a su 89 años el perdón y el amor de Dios.
Dejemos de quejarnos de nuestra condición. Al mirar a Jesús, el autor y consumador de tu fe, serás inspirado con esperanza y verás la salvación de Dios. 

Cuando te sientas a murmurar, obliga a tus labios a pronunciar las alabanzas a tu Dios. Enseñemos a nuestros labios a dar gloria a Dios y a engrandecer su nombre.
Maranata
Luis José de Madariaga.
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La Biblia a través del tiempo.

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