miércoles, 28 de junio de 2017

ROMPAMOS EL CAUTIVERIO.


Palabras del predicador, hijo de David, rey de Jerusalén.

Ecl.1:1.
El hombre y el éxito del evangelio están confiados al predicador, pues o entrega el verdadero mensaje divino, o lo echa a perder. El es el conducto de oro para el aceite divino. El tubo no sólo debe se de oro, además tiene que estar limpio para que nada obstruya el libre paso del aceite, y sin agujero para que nada se pierda. 

El hombre hace al predicador, Dios tiene que hacer al hombre. El mensajero, si se nos permite la expresión, es más que el mensaje. El predicador es más que el sermón. El predicador hace el sermón. 

Como la leche del seno de la madre no es sino la vida de la madre, así todo lo que el predicador dice está saturado por lo que él dice. Todo esto bajo la supervisión del Espíritu Santo. Pablo era un gran predicador, ¿pero era él quien predicaba? 
No estaba en él Espíritu de Dios? Así es el predicador, no es el, sino el que está en él. 

El tesoro está en vaso de barro y el sabor de la vasija impregna el contenido y puede hacerlo desmerecer. (Juan. 2:710). El hombre entero y consagrado está detrás del sermón. 

Se necesita 20 años para hacer un sermón, porque se requiere veinte años para hacer un hombre. El verdadero sermón tiene vida. Crece con el hombre que esta consagrado a Dios. El sermón es poderoso cuando el hombre tiene él Espíritu de Dios. El sermón es santo si el hombre es santo. 

El sermón estará lleno de la unción divina siempre que el hombre esté lleno de la unción divina. Pablo solía decir: “Mi evangelio” no porque lo había desgarrado con excentricidades personales o desviado con fines egoístas, 
sino porque el evangelio estaba en el corazón y en la sangre del hombre Pablo como un depósito personal para ser dado a conocer con sus rasgos peculiares, para que impartiera al mismo el fuego y el poder del Espíritu Santo. 

¿Que se ha hecho de los sermones de Pablo? ¿dónde están? ¡Son esqueletos, fragmentos esparcidos, flotando en el mar de la inspiración! Pero el hombre Pablo, más grande que sus sermones, vive para siempre, con la plenitud de su figura, facciones y estatuas, con su mano moldeadora puesta sobre la iglesia. 

Hoy Día se necesita hombres como Pablo, con poder del Espíritu Santo. Que prediquen las verdades de las profecías, y de la venida de Nuestro Señor Jesucristo. El púlpito solo es para llevar el mensaje, la verdad del Evangelio. Este es el predicador
 Maranata.
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(Oren por mi enfermedad, es muy delicada) 

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