sábado, 17 de junio de 2017

DETENIENDO LA OBRA DEL ESPÍRITU.


Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celo por mí? Ojala todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos. Números. 11:29

No se escandalicen de lo que voy a decir, aun los dirigentes del pueblo de Dios los más sinceros y consagrados pueden tratar de detener la obra del Espíritu Santo. Josué fue un dirigente leal a Dios, sincero y temeroso de Dios. 

Pero fue Josué quien trató de detener el ministerio profético de los ancianos que estaban llenos del Espíritu. Josué estaba celoso del liderazgo de Moisés. Sus motivos eran buenos, pero su visión era limitada, y abría sofocado la obra de Dios. 

Moisés no se sintió amenazado en absoluto por el hecho de hallarse rodeado de gente llena del espíritu del Señor. En realidad expresó su vehemente deseo de que todos recibieron el don de profecía. Ma mayoría de los dirigentes de la iglesia se sentirían muy desasosegados al encontrase que todos los miembros de sus iglesias fueran llenos del Espíritu de Dios. 

El mundo se llenaría de la luz del evangelio y Cristo abría venido ya. Los resultados serían sorprendente e inesperados si el Espíritu Santo se moviese con poder en vidas consagradas a Dios. Corría el siglo XVIII la mayoría de los dirigentes de la iglesia creían que el Evangelio sólo se tenia que predicar en las iglesias, así solo seria efectivo. 
Después que el Espíritu llenó en Londres a unos 70 moravos anglicanos el 1º de Enero 1739, George Whitefield, que estuvo presente en ese día a la predicación, al salir empezó a predicar en los campos de Inglaterra. El Espíritu Santo no tiene fronteras, y no importa de que denominación seas. 

En aquel día el Espíritu de Dios se derramara, no solamente en el pueblo de Dios, sino en pueblos que no conocen ni abran oído hablar de Cristo. El Método de Dios se concreta en los hombres y mujeres. La iglesia busca mejores sistemas; Dios busca mejores hombres. “Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan”. 

El proclamo la venida del Mesías. La salvación del mundo proviene de este Hijo del pesebre. “Los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para corroborar a los que tienen corazón perfecto para él”. 

Lo que la iglesia necesita hoy día, no es maquinaria más abundante o perfeccionada, ni nuevas organizaciones ni métodos más modernos, sino hombres que puedan ser usados por el Espíritu Santo: hombres de oración. 

El Espíritu no pasa a través de métodos sino de hombres sencillos. [“Señor, tú haces lo inesperado porque tú no estás limitado por las tradiciones que nosotros emos creado. 

Gracias por que estas dispuesto a sorprenderme con tú Espíritu Santo, trayéndome una nueva revelación”.] Un Josué o un Moisés. ¿A Cuál de los dos se asemejará usted cuando el Espíritu tome posesión hoy día de vidas dispuestas a someterse a él?
[Les ruego que oren por mi]
Maranata.
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