jueves, 29 de junio de 2017

Estamos seguro de su presencia.


Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho, ¿No será éste el Cristo? Juan 4:29.
La invitación de esta mujer a sus amigos es sorprendente cuando recordamos qué le había dicho Jesús acerca acerca de su vida pasada. 
Jesús estaba conversando con una mujer, cosa que en la Mishnah se amonesta a los hombres; “No converséis demasiado con las mujeres” (Aboth 1. 5; cf. Taslmud “Erubin 53b). 

Hacía unos momentos tan sólo conversaba con este extraño, y El le había dicho que había tenido cinco esposos y que ahora estaba con un sexto que no era su marido. Admitámoslo: aun con amigos íntimos generalmente vacilamos mucho en exponernos a discutir los fracasos de nuestro matrimonio. 

¿Pero admitir toda una serie de fracasos, y más a un extraño? O ella estaba muy endurecida, o había algo particular en este extraño que invitaba a la confianza. Por supuesto era lo último, ya que volvió a la aldea a comunicar a sus amigos lo que le había ocurrido. 
Invito a sus amigos a venir a la presencia de este hombre que le había dicho la verdad de su vida. Cierto es, que sus amigos corrían el riesgo de que también 
El les dijera todo lo que habían hecho en su vida. La mujer tenía razón de vincular el culto verdadero con el tema del Mesías venidero. Los samaritanos basaban sus esperanzas, mesiánicas en la predicación de Deut. 18: 15, 18. 

El paralelismo con el pueblo de Dios es: que nuestra esperanza de la segunda venida esta relacionado con Daniel 7, 8, 9, y Apoc. 8, 13, 14 sobre todo este último. Nuestro Dios no es un quiromante santificado. 
El investiga nuestros fracasos pasados, no para avergonzarnos hasta la sumisión, ni para manejar nuestro sentido de culpabilidad o inducirnos a ser buenos. Su único blanco es sanarnos. 

En su presencia podemos salir de tras de nuestra vergüenza, exponer nuestros nervios más doloridos para sentir su toque sanador, y además invitar a nosotros pecadores q que se unan a nosotros. A veces nos sentimos inclinados a mirara con sospechas la obra de los ángeles que registran nuestras hacines. 

Tal vez no estamos tan seguros de lo que Dios hará con la información que reciba de los ángeles. Pero cuando vemos que cada uno de sus actos es para dar sanidad, para abrir la puerta a la honestidad con nosotros mismos. 

El Espíritu Santo nos ara el último llamado, la pregunta es: ¿Estamos preparados? La samaritana lo estuvo, los que le acompañaron tan bien lo estaban.
Maranata.
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(Oren por mi enfermedad, es muy delicada) 

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