viernes, 5 de septiembre de 2014

ENTRAMPADOS POR LAS NUEBAS OBRAS.

Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo,para ser justificado por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. Gal. 2:16.

La idea del hombre de pagar su culpa asume diversas formas. Para algunos consisten arrodillarse y inclinase ante las imágenes de madera, para otros es ir de rodilla ante la imagen, y para otros es hacer peregrinaje a ciertos lugares, como Lourdes o otros lugares de España o Portugal.

Algunos hacen grandes contribuciones en dinero con la esperanza de que así podrán expiar su pasado pecaminoso. Incluso hay personas que se preocupan en ayudar a los pobres y necesitados, esto esta bien, pero el problema es cuando se busca la propia justificación de sus pecados.

Jesús hizo una admirable exposición en Mateo 7:22,23: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” Este es un reproche que el Señor hace a los profesos cristianos.

No se aplica sólo a los pecadores, (aquí entra todos los que no son cristianos) sino a todos los que toman el nombre de Cristo, que profetizan, que echan fuera demonios y que hacen milagros en el nombre de Cristo.

Jesús se está refiriendo a la gente que tiene la esperanza de alcanzar la vida eterna, (el cielo o el paraíso) por medio de sus obras. 

 En este principio se basa la marca de la bestia expuesto en Daniel 7, y en Apoc.13. El principio del sello de Dios se basa en cambio en la maravillosa verdad de la justificación por la fe.

El Señor la realiza sin ayuda de nada que hayamos hecho o podamos hacer. Esa maravillosa verdad es que “Cristo cuando aún eramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. (Rom. 5:6).

La único que podemos hacer para ser justificados es creer y aceptar con alegría y gratitud ese maravilloso don de Dios. ¡Pensar que estábamos condenados a muerte y en cambio hemos recibido el perdón que nos salva la vida!

¡Oh amor divino, oh amor inmensurable! Puede ser una antigua historia, pero oremos a Dios para que la mantenga siempre latente en nuestro corazones.
Promesa.
No importa cuál haya sido la experiencia del pasado ni cuán desalentadora sean las circunstancias del presente, si acudimos a Cristo en nuestra condición actual -débiles, sin fuerza, desesperados-, nuestro compasivo Salvador saldrá a recibirte mucho antes de que llegues, y nos rodeará con sus brazos amantes y con la capa de su propia justicia. (DMJ. 13).
Maranata.
http:// lecciones-biblicas.blogspot.com
La Biblia a través del tiempo
http://segunda venida apocalíptica



No hay comentarios:

Publicar un comentario