domingo, 27 de abril de 2014

LA NECESIDAD DE TENER FE.


Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca Dios crea que le hay, y que es galardonado de los que le buscan.
Heb. 11:6.

Un muchacho jugaba con su cometa. Estaba tan alto que apenas se lo veía. Se le acerco un caminante que pasaba por ese lugar, viendo al niño tan concentrado mirando al cielo que se acerco el niño y le pregunto: -¿Que estas haciendo? -Estoy haciendo volar mi cometa -contesto el muchacho.  (Foto. La cometa de la fe)

-No veo el cometa -dijo el hombre.
-Sí esta allá, señor -contesto el niño.
-No lo veo, no puedo verlo -dijo el hombre extrañado por la actitud del niño. ¿Cómo sabes que está allí? Replico el hombre.
-Señor, sé que está porque siento cómo tira el hilo.

Dentro de lo más profundo del corazón, en el rincón más apartado el hombre sabe que existe un Dios, y los que le buscan, no lo buscan en vano. Debemos estar seguros de que ciertamente es recompensado de los que le buscan con diligencia. 

Pero sin fe es imposible llegarse a Dios. Para los más escépticos la fe no existe, para ellos es el resultado de que las cosas te salga bien, es el destino, no hay en ellos la mas mínima esperanza, la fe no existe.

La fe es un hilo fino que llega hasta el trono de la gracia, cuanto más usemos ese hilo, más fuerte y robusta se ara el hilo. Hay promesas que
se prometen a los que usen este hilo de comunicación entre el cielo y la tierra con fe sincera como el niño de nuestra historia. 

 En ella encontraremos Paz, perdón, poder para vencer nuestros vicios de ese mal carácter, limpieza de corazón, y la más bella de las promesas dada al hombre la vida eterna.

Hay hombres y mujeres que piensan que nada más morir van al cielo, no importa lo que hayan hecho en esta tierra, ¡que lejos esta de la realidad! En las Escrituras encontramos las más bellas promesas y las más ricas bendiciones. La fe sincera nos acerca a Nuestro Creador.

Todo esto es posible mediante la fe en Cristo. Quizá no lo veamos, pero hay la evidencia de que vive y se interesa por ti y por mi. Se cuenta la historia que en cierta ocasión ubicaron a un incrédulo o ateo, en la habitación de un cristiano, por no haber sitio en la posada.

Paso la noche con ese cristiano. Temprano fue al posadero y con exigencia le pidió otra habitación, el posadero le pregunto ¿Que le sucede señor? ¿A dormido mal? ¿No estaba la cama a su gusto? (foto. Los presos son hijos de Dios).

Replico el ateo: Si estoy cinco minutos más en esa habitación, con ese hombre me voy a convertir en cristiano.

-Replico el posadero: Pero ¿qué de malo hay en eso?
-No puedo soportar las oraciones de ese hombre. Ora como si creyera realmente que hay un Dios que escucha, y yo no puedo soportar eso. De me otra habitación.

Conocí en vida a una anciana que oraba de tal manera que hacia temblar a los que allí había
Maranata.

No hay comentarios:

Publicar un comentario