viernes, 4 de septiembre de 2015

GRACIAS Y DIGNIDAD EN LOS DEBERES DIARIOS DE LA VIDA.


Su lenguaje, dulcísimo, y todo el codiciable Cant.5:6. pp.
Cuando estudiamos la vida de Cristo en la tierra. Él no descuido el deber más pequeño y mas sencillo. 

Todo lo que hizo estuvo marcado por la perfección. Tenemos que mirar al dador de la vida para buscar la ayuda y realizar los deberes diarios con la gracia y la dignidad del que está buscando la corona de la vida inmortal. 

Una gran mayoría os espaciamos en la grandeza de la vida y los milagros que obró, de como calmó las aguas tempestuosas, devolvió la vista a los ciegos y el oído a los sordos, y resucito a los muertos. ¿Quien no ha visto algo de lo mencionado en su vida? 

¿Quien no ha sentido paz en su corazón atormentado? ¿Quien no ha experimentado de perder la vista y recuperarla después de una operación? Pero la atención de Cristo fue para las cosas pequeñas de la vida, detalles que para muchos pasaban desapercibidas, pero para el era una prueba de su grandeza y de su amor. 

Oídlo hablar con Marta cuando ella le pide que ruegue a su hermana que le ayude a servir. Cristo le da un consejo: le dice que no deje que los cuidados de la casa le molesten la paz de su alma. “Marta, Marta -le dijo -, afanada y turbada estás con muchas cosas. 

Pero una cosa es necesaria; María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. (Luc. 10:41,42).
Otro detalle de Jesús por las cosas sencillas la vemos en las madres que llevaron a sus hijos para que Jesús los ven digiera. Jesús escucho las palabras de estas madres cansadas por sus labores en casa y atendiendo a sus hijos. 

Los discípulos, deseosos de que su Maestro no fuera molestado, las querían echar, pero una voz suave melodiosa dijo: “Dejad a los niños venir a mi, y no se lo impidáis ; porque de los tales es el reino de los cielos” (Marc. 10:14). Tomándolos de su mano los bendecía. Es unas de las escenas más hermosas por lo menos par ami, 
 
Ya que todos tenemos que ser en nuestro interior como niños, sinceros con Jesús. ¡Y hay de aquel que no lo sea! Si pudiéramos penetrar en el futuro de esos niños, veríamos a las madres recordando les las escenas de ese día y repitiéndolas las amables palabras del Salvador. 

También veríamos cuan a menudo, en años posteriores, el recuerdo de esas palabras evitó que los niños erraran el camino de los redimidos del Señor. . . Este mismo Jesús es nuestro Salvador. (R. H. 7-4-1904).
Maranata
Gracias por sus oraciones por mi amada esposa. Esta mejor.
Luis José de Madariaga.
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http:// segunda venida apocalíptica
La Biblia a través del tiempo.

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