martes, 23 de septiembre de 2014

PARA QUE EL MUNDO LO CONOZCA


Santificarlo en tu palabra; tu palabra es la verdad Jn. 17:17.

No hay misterio, ni profundo ni tenebroso, en el proceso de la santificación. 

Cuando Cristo le pidió a su Padre que santificara a sus discípulos, le estaba solicitando que fueran consagrados, o separado de la sociedad secular que no conoce las cosas de Dios ni se interesa por ellas.

Esta consagración consiste en una continua actividad interior, por virtud de la cual una persona llega a tener cada vez una actitud más espiritual, de modo que se amolda más y más al carácter del amante Jesús, tanto en palabras, como en pensamientos y en acción.

La santificación es vital para la diseminación del Evangelio.
En esa misma oración Jesús pidió la perfección de sus seguidores, “para que el mundo conozca que tú me enviaste” (vers. 23). ¿De qué otra manera puede saber el mundo que la aceptación de Cristo produce un cambio beneficioso en el creyente?

¿Gracias a los edificios y las instituciones de la iglesia? Pero la esencia esta en el carácter que reflejemos ante el mundo. La riqueza material no prueba nada. Jesús necesitaba desesperadamente que sus grupo de humildes e iletrados discípulos comprendiera plenamente esto.

Deseaba que superan que la atracción del Evangelio no se funda en las cosas de la iglesia, sino en las vida piadosa de sus miembros. La iglesia podría poseer todas las riquezas del mundo, y las minas de oro más grandes, y de diamantes, pero lo que le da encanto y belleza es el testimonio de la fragante santidad que se manifiesta en las vidas de sus miembros.

Pueden ser que los hombres jamas descubran cuán lógicos son
 
nuestros argumentos doctrinales, pero nunca podrán negar la evidencia de una vida piadosa. Este es un aspecto que poco conocen ni entienden mucho menos practican.

Cuando Jesús dijo: “Tu palabra es verdad”, manifestó que el fundamento de la santificación es la comprensión y la puesta en práctica de lo que realmente revela la Palabra. El estudió regular y con oración de las Escrituras produce santificación.
El salmista, en el salmo 119, repite esta verdad vez tras vez con sublime hermosura.

La Palabra para él era luz y lámpara. Sabía que la vida santificada dependía de la obediencia a la Palabra. “Ordena mis pasos con tu palabra , y ninguna iniquidad se enseñoree de mi” (sal 119:133). 

“Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos” (vers 45). La santificación y la Palabra son inseparables en el cristiano.
Maranata.
http:// lecciones-biblicas.blogspot.com




La Biblia a través del tiempo

http://segunda venida apocalíptica 

No hay comentarios:

Publicar un comentario