sábado, 26 de febrero de 2011

EN LAS MANOS DEL ALFARERO.

Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre, nosotros barro, y tu el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. Isaías 64:8. (foto vasija).

En la palabra de Dios se compara a sí mismo con un alfarero y a su pueblo con barro. La obra de él es la de modelador y formarnos a su semejanza. La lección que debemos aprender es una lección de sumisión.

No ha de resaltar el yo. Si se da la debida atención a la instrucción divina, si el yo se somete a la voluntad divina, la mano del Alfarero producirá un vaso simétrico (SDA Bible comentary, tomo 4 1154).

La excelencia de una genuina relación con Cristo proviene de la obedie
ncia a la palabra: "Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprender de mí . . . "El obrero que ha experimentado esto tiene un intenso anhelo de conocer la plenitud del amor que sobrepuja todo conocimiento.

Constantemente aumente su capacidad para disfrutar del amor de Dios. Aprendiendo diariamente en la escuela de Cristo, tiene una capacidad que constantemente aumenta para captar el significado de las sublime verdades que son tan abarcantes como la eternidad. . .

Comprende que el es un material con el cual está obrando Dios y que debe ser pasivo en las manos del Maestro. . . Si busca al Señor con humildad y confianza, cada prueba resultará para su bien. A veces le parecerá que fracasa, pero su puesto fracaso para alcanzar el lugar donde esperaba estar puede ser el camino de Dios para hacerle avanzar.

Piensa que ha fracasado, pero su puesto fracaso significa un mejor conocimiento de sí mismo y una confianza más firme en Dios. . . Quizá co
meta errores, pero aprende a no repetir esos errores. . .

El Señor desea que seamos mansos, humildes y contritos, y que sin embargo estemos llenos con la seguridad que proviene de un conocimiento de la voluntad de Dios. "No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. . .

Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia" (Manuscrito, 121, 1902) (Cristo quiere transformarnos).

W.G.

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