miércoles, 17 de agosto de 2011

LEGALISMO SUTIL.

Porque la conciencia no me remuerde, no por eso quedo absuelto, el que me juzga es el Se;or. 1º Corintios 4:4.

Comenzaré a analizar los peligros que representan el mensaje de la justificación por la fe.
Esto, sin embargo, suena muy extraño, porque, ¿como es posibles que este mensaje implique algún riesgo? Vimos que el mensaje de la justicia de Cristo es el corazón del evangelio, y no es posible que el evangelio conlleve algún riesgo.

Pero el evangelio es tan importante, que el enemigo ha tratado de neutrali
zar su efecto, provoca malos entendidos. Unas de las aberraciones es el legalismo. Cuando se predica el evangelio, es posible que algunas personas lo entiendan desde el punto de vista de una religión legalista.

¿Que es el legalismo? El legalismo es la creencia de que la salvación del ser humano depende de lo que haga para agradar a Dios. Que la salvación requiere que las personas sean obedientes, y que por ello alcancen méritos delante de Dios.

Que la salvación depende de la cantidad de méritos obtenidos por la obediencia. Vimos que u
nos de los frutos de la justificación es la santificación. Esta implica un crecimiento en lo que se refiere a la conciencia moral. La moralidad tiene que ver con obediencia a mandamientos y preceptos, ya que estos son dados por Dios como norma para regir la conducta humana.


De este modo, y en forma natural, los que han sido redimidos del pecado a través de la justificación son personas obedientes y promotoras de la moralidad. Esto se presta para que el enemigo de Dios tergiverse la santificación y la obediencia, y las presente en una nueva luz.


Es necesario obedecer para ser salvos. Si quieres ser salvo, tienes que obedecer. Uno se salva por la obediencia; hay mérito en la obediencia. El cambio es tan sutil que muchos no se dan cuenta, y piensan que es por su obediencia que son salvos. Este es el gran peligro del legalismo; un foso grande, ancho y profundo en el que no se puede salir humanamente, solo Dios puede sacarnos de este abismo.


Eloy Wade

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