jueves, 6 de enero de 2011

"¿QUIEN ES JEHOVÁ?"

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare eso también segará. (Gál. 6: 7).

Faraón sembró obstinación, y cosechó obstinación. El mismo puso esa semilla en el suelo. De parte de Dios no había más necesidad de interferir con algún nuevo poder en su crecimiento de la necesidad que hay de que interfiera en el crecimiento de un grano de maíz.
Todo lo que se requiere es dejar que la semilla germine y crezca dando fruto según su especie. La cosecha revela la clase de semilla que se ha sembrado (SDA Bible Commentary, tomo 1, pág. 1100).

Faraón vio al Espíritu de Dios obrando poderosamente; vio los milagros realizados por el Señor mediante su siervo; pero rehusó obedecer la orden de Dios. El rey rebelde había preguntado orgullosamente: "¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? . . ." [Exo. 5: 2]. Y a medida que los juicios de Dios caían con más poder sobre él, más persistía en su necia resistencia.

Al rechazar la luz del cielo, su corazón se endureció y se hizo insensible. La providencia de Dios estaba revelando su poder, y estas manifestaciones, al no ser aceptadas, eran el medio de endurecer el corazón de Faraón hacia una luz mayor.
Los que exaltan sus propias ideas por sobre la voluntad claramente especificada de Dios, están diciendo como lo hizo Faraón: "¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz?".

Cada rechazo de la luz endurece el corazón y oscurece el entendimiento y de esta manera los hombres encuentran más y más difícil distinguir entre lo correcto y lo incorrecto y se vuelven más audaces en resistir la voluntad de Dios (Ibid.).

El que cedió una vez a la tentación cederá con más facilidad la segunda vez. Toda repetición del pecado aminora la fuerza para resistir, ciega los ojos y ahoga la convicción. Toda simiente de complacencia propia que se siembre dará fruto.

Dios no obra milagros para impedir la cosecha. . . El que manifiesta una temeridad incrédula e indiferencia hacia la verdad divina, no cosecha sino lo que sembró. Es así como las multitudes escuchan con obstinada indiferencia las verdades que una vez conmovieron sus almas. Sembraron descuido y resistencia a la verdad, y eso es lo que recogen (Patriarcas y Profetas, pág. 274).

E. G. W.

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