sábado, 25 de enero de 2014

LOS HOMBRE QUE ESPERARON DEMASIADO TIEMPO.

Y ellos dejando la red al instante, le siguieron. (Mat. 4:20).

Lo cierto es, que en el sentido más literal, los Judíos esperaban al libertador, en una forma de grandeza y con poder para sacarlos de la esclavitud Romana.
La invitación de Jesús para que le siguieran no fue premeditada, Jesús conocía los anhelos de su corazones.
Y en el mar de Galilea, encontró Jesús a los dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés, que estaba en la mar.  La invitación venid en pos de miEn el sentido de convertirse en discípulos para que se dedicarán el resto de sus días al discipulado.  De allí en adelante Pedro y Andrés debían tener como única ocupación el ser alumnos de la causa de Jesús. (ver Luc.5:11).

En el mar de Galilea, no solamente estaba la barca de Pedro, había más barcos y más pescadores, pero estos pescadores solo se conformaban en buscar  las cosas de este mundo. Hay una cita que encontré que dice lo siguiente:  Mientras últimamente he estado mirando en derredor para encontrar a los humildes discípulos del manso y humilde Jesús, he sentido mucha preocupación.

Muchos de los que profesan esperar la pronta venida de Cristo se están conformando con este mundo y buscan más fervorosamente los aplausos en derredor suyo que la aprobación de Dios.  Son fríos y formalistas, como las iglesias nominales de la cuales se separaron hace poco.  Las palabras dirigidas a la iglesia  de Laodicense describe perfectamente su condición actual. (Apoc. 3:14-20). No son ni frío ni calientes, sino tibios. (P.E. p.107)

De la misma manera los pescadores que estaban al rededor de Pedro reaccionaron indiferentemente cuando Pedro y Andrés fueron llamados.  Algunos le entregan todo lo que tienen sin la menor vacilación.  El gozo de encontrar a Cristo quita todos los obstáculos y lo aceptan alegremente.  
Otros no manifiestan interés. Porque están ocupados en alcanzar su propio mundo, no desean que se les molesten. 

Pero hay un segundo grupo que realmente desea estar con Cristo.  Se dan cuenta de que en su vida existe un vacío que solo Cristo puede llenar; pero se contienen, pensando que si lo aceptan en algún momento posterior, será más conveniente y menos embarazoso. En cierto sentido, José de Arimatea fue un discípulo perteneciente a este último grupo.

El registro dice que seguía a Jesús "secretamente".  Pero si hubiera enarbolado su bandera a tope, cuánto más profundo podría haber sido su goza. La pregunta es: ¿A que grupo perteneces tu? ¿Estamos dispuestos a arriesgar nuestras vidas, y dejar todo aquello que nos ata y nos aparta de Cristo,? Oh seguimos las constumbre de la moda, donde solo encontraremos la muerte eterna. La decisión es solo tuya.




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