sábado, 1 de octubre de 2016

EL LEGADO DE LA PAZ


La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27
Antes que nuestro señor fuera de la agonía de la cruz, hizo su testamento. No tenia plata ni oro o casas que dejar a sus discípulos. Era un hombre pobre en cuanto a posesiones terrenales se refiere. 

Pocos en jerusalén eran tan pobres como él. Dependía de los demás. Pero dejo a sus discípulos una dádiva más rica que la que cualquier monarca terrenal podría conceder a su súbitos. “La paz os dejo, mi paz os doy”. Dijo. . . 

Les dejó la paz que había sido suya durante su ministerio en la tierra, la que había estado con él en medio de su pobreza, maltratos y persecuciones, y que debía estar con él durante su agonía en el Getsemaní y en la despiadada cruz. 
 
La vida del salvador en la tierra, pese a haber sido vivida en medio de conflictos, fue una vida de paz. . . 

Ninguna tormenta de la ira Satánica pudo alterar la calma de aquella perfecta comunión con Dios. Y él nos dice hoy: “Mi paz os doy”. En el último mensaje de Apoc. 14. 

Muchos aceptaran el llamado, y sera colmados de esa paz que solo Dios puede dar. Aquellos que acepten la Palabra de Cristo y confían sus almas a su cuidado y sus vidas, encontraran la paz y quietud. Nada en el mundo podrá ponerlo tristes sino que Jesús les dará la paz el gozo en su experiencia. 

En la perfecta conformidad hay perfecto descanso. El Señor dice: “Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isa. 26:3) Cristo nos dice: Confiad en Jehová perpetuamente, porque en el Señor Jehová está la fortaleza de los siglos” (Isa.26:4). 

Esa es mi experiencia en el Señor. Pero es el amor al yo el que destruye la paz del hombre. Mientras el yo está vivo, permanecemos continuamente listo para guardarlo de mortificación e insultos. 

Pero cuando el yo está muerto y nuestra vida está ocultas en Cristo Jesús, no nos dejaremos afectar por descuidos o el menosprecio de la gente. ¿Esto es fácil decirlo? Pero la clave esta en hacerlo. 
Hoy día hay muchos egoísmo, mucha envidia,mucho ensalzamiento al yo. 
Este es el problema para el cristiano.  

Cuando recibimos a Cristo en el alma como un huésped permanente, la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestras mentes. 
No hay otro fundamento de paz que éste. La gracia de Cristo, recibida dentro del corazón, domina a la enemistad, apacigua la contienda y llena el alma con amor. (T. W. 1908).

Maranata
Luis José de Madariaga.
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