martes, 7 de diciembre de 2010

VEREMOS SU ROSTRO.

Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. Apoc. 22: 4.

Ahora no podemos ver la gloria de Dios. Lo veremos cara a cara únicamente si ahora lo recibimos. Dios quiere que mantengamos los ojos fijos en él, para que perdamos de vista las cosas de este mundo. No tenemos que perder tiempo en lograr la preparación que nos permitirá ver el rostro de Dios. Debemos ser como Cristo aquí, y conocerlo como un Salvador actual y personal...

Sólo contemplando a Jesús, el Cordero de Dios, y siguiendo en sus pasos, podéis prepararos para encontraros con Dios. Seguidlo, y un día andaréis por las calles áureas de la ciudad de Dios, y veréis al que se despojó de su ropaje real y de su corona regia, y, vestido con la humanidad, vino a nuestro mundo y llevó nuestros pecados, para elevarnos y revelarnos su gloria y majestad.

Lo veremos cara a cara si ahora nos dejamos modelar por él y preparar para ocupar un lugar en el reino de Dios.

Los que consagran sus vidas al servicio de Dios vivirán con él durante los siglos interminables de la eternidad. "Dios mismo estará con ellos como su Dios" (Apoc. 21:3).

Entregaron a Dios su mente en este mundo; le sirvieron con su corazón e intelecto, y ahora él puede colocar su nombre en sus frentes. "No habrá allí más noche;... porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos" (Apoc. 22:5).

No van a rogar por un lugar en el cielo, porque Cristo les dice: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo" (Mat. 25:34).

Los toma como a sus hijos y les dice: Entrad en el gozo de vuestro Señor. En la frente de los vencedores se coloca la corona de inmortalidad. Las toman y las arrojan a los pies de Jesús, y pulsando sus áureas arpas, llenan el cielo con hermosos cantos de alabanza al Cordero. Entonces "verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes".

E. G. W.

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