miércoles, 22 de diciembre de 2010

ABRIENDO LOS MISTERIOS DE LA REDENCIÓN.

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras. Luc. 24: 45.

El Señor desea que tengamos una experiencia más profunda y rica en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Quiere que aumente nuestro conocimiento, no en cosas terrenas sino en las celestiales que conducen a Cristo, nuestra Cabeza viviente.

¿Cuán elevado, cuán grande ha de ser este conocimiento? Debe ser de tal naturaleza que nos haga alcanzar la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús. No podemos crecer demasiado, no podemos juntar demasiado de los preciosos rayos de luz que Dios nos envía...

Sabemos que falsedades se acercan como una rápida corriente, y esa es precisamente la razón por la que deseamos cada rayo de luz que Dios tiene para nosotros, para poder permanecer de pie entre los peligros de los últimos días...

¡Cómo anhela Cristo abrimos los misterios de la redención! Quería hacerlo por sus discípulos cuando vivió con ellos, pero ellos no habían progresado lo suficiente espiritualmente para comprender sus palabras. Tuvo que decirles: "Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar" (Juan 16: 12).

¡Cuánto mejor habrían podido soportar la terrible prueba por la que tuvieron que pasar en su juicio y crucifixión, si hubieran progresado y sido capaces de comprender las instrucciones de Cristo! ¿No permitiremos que Jesús abra nuestro entendimiento?...

Estamos en los bordes del mundo eterno, y debemos dar un testimonio con el cual todo el cielo debe concordar.

¡El Señor viene y debemos estar preparados! Cada momento deseo tener su gracia, deseo el ropaje de la justicia de Cristo. Debemos humillar nuestras almas delante de Dios como nunca antes, acudir a postramos a los pies de la cruz, y él pondrá en nuestras bocas palabras para dar testimonio de él y dar alabanza a nuestro Dios.

Él nos enseñará un acorde del canto de los ángeles, aun acción de gracias a nuestro Padre celestial. No podemos hacer nada por nosotros mismos, pero Dios desea tocar nuestros labios con un carbón vivo del altar. Quiere santificar nuestra lengua, quiere santificar todo nuestro ser.

E. G. W.

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