Con que naturalidad
Juan se dirige a sus hermanos en la fe, cosa que hoy día se hecha
mucho de ver entre los hermanos.
Es ahora, mientras
somos imperfectos, mientras caemos en el pecado y mientras aún no
hemos sido completamente moldeados a la semejanza de nuestro Padre,
cuando se dice que somos “hijos de Dios”. (Mat. 5:48).
Esto es posible y
cierto porque hemos sido aceptado y se considera como si ya
estuviéramos en el cielo por medio de nuestro Representante (Efe.
1:5-7; 2:4-6).
Pueda se que el pueblo de Dios no comprendamos con
exactitud cada detalle que nos acompaña en nuestra travesía. Pero
si sabemos que tenemos que ser purificados en el fuego de la
aflicción.

Creo que cada
cristiano tiene que anhelar ese día. Nuestra alma debería sentirse
conmovida hasta lo más profundo de nuestro ser, por la idea de que
pronto nos hallaremos en la presencia de nuestro Dios.
¡Oh cuanto
anhelo siento de ese día! Yo estoy cansado de esta vida de
sufrimiento y violencia, solo hay maldad, mires por donde mires. E
viajado mucho en mi vida, y siempre e visto lo mismo, baya por donde
baya. Pero siempre estaba con el anhelo de ver a mi familia.
Creo sinceramente,
que hay personas que no tienen el conocimiento de la palabra, como la
tenemos nosotros, pero nos dan mil vueltas a muchos en muchos
sentidos.
Recuerdo que en cierto país, no me conocían ni sabían mi idioma, pero siempre estaban dispuestos a ayudarme en lo que podían sin recibir nada a cambio.
Recuerdo que en cierto país, no me conocían ni sabían mi idioma, pero siempre estaban dispuestos a ayudarme en lo que podían sin recibir nada a cambio.

Ni tu dinero, ni tu
coche, ni casa, ni tu plata ni tu oro no podrás llevarte nada. Tu
lagrimas cae sobre tu rostro, diciendo ¡Lo e perdido! ¡Lo e perdido
todo! ¡Que día más triste sera ese! Creo que es el momento de
decir: ¡No! ¡Soy de Cristo y Cristo crucificado!
Yo soy el primero el
que puedo caer, pero la gracia de mi Padre y de mi hermano mayor
Cristo Jesús, se que me sostendrá en la prueba, y pasare como oro
refinado por el horno. Tú también puedes hoy ir a Cristo, y
decirle: Yo no puedo más, “ayúdame Papa” Y él te es tendera
la mano, y veras y sentirás su amor y su ternura.
Durante casi mil
años Adan y Eva guardaron impacientemente al redentor. Sus vidas
fueron las más tristes que haya vivido algún ser humano en este
mundo pues vivieron los terribles resultados de sus pecados de muchas
generaciones.

No permitas y yo me incluyo, que el
mundo y sus atractivos empañe esta esperanza. Ora, Ora, Ora, cada
día para que él Señor nos de fuerzas y pueda venir pronto, y vive
de tal modo que cuando él regrese puedas recibirlo tú y yo en los
cielos. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos
vosotros. Amen. Apoc. 22:21.
Maranata
Sigan
orando por la vista de mi esposa.
Luis
José de Madariaga.
La
Biblia a través del tiempo.
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segunda venida apocalíptica
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