
Los versos 2,3, Pablo representa un cuadro tenebroso que parece conducir aúna inevitable condenación; Sin embargo, Pablo ahora presenta la alternativa. Dios no sólo es misericordioso sino rico en misericordia con todo aquel que invoca su nombre (Rom.10:12), no porque haya méritos en el ser humano sino porque Dios se complace en conceder misericordia. (Tit. 3:5; 1º Ped. 1:3).
Así como Dios levantó a Cristo de los muertos, para que pudiera sacar a la luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio,
y salvara así a su pueblo de sus pecados, así Cristo ha levantado a los seres humanos caídos a la vida espiritual, reanimándolos con su vida, llenando su corazones de esperanza y gozo (R. H. 31-3-1904).

Los que aprecian este gran sacrificio recibirán del Salvador el más preciosos de todos los dones: un corazón limpio. Ganan una experiencia que es más valiosa que el oro, la plata o las piedras preciosas.
Se sientan juntos en los lugares celestiales con Cristo disfrutando en comunión con él el gozo y la paz que sólo él puede dar. (Ibid. p. 30-5-1907).
El amor de Dios es mucho más que simple compasión. Su amor nos induce a realizar acciones benéficas; que quedaran registradas en los anales del cielo para la gloria de Dios.
El amor es el principal atributo del carácter divino (1º Jun.4:8), el cual recibe su máxima expresión en la persona de Cristo. Ese carácter debe ser reflejado en el cristiano, sin ese requisito es difícil estar en los lugares celestiales.

Hay tres cosas que el apóstol deja claro sobre la salvación. Pasado, presente y futuro. (ver. Rom.8:24). La esperanza esta en la patria celestial. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Ef.1:3).
Por los méritos de Cristo somos bendecidos con todas las bendiciones espirituales, pa que estemos n la gran ciudad de David. Pensad en esto: una vida lena de placeres y de miseria, oh una vida gozando de la compañía de Jesús por la eternidad.
Maranata
Sigan
orando por la vista de mi esposa.
Luis
José de Madariaga.
La
Biblia a través del tiempo.
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segunda venida apocalíptica
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