Por esta causa doblo
mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien
toma nombre de toda familia en los cielos y en la tierra, para que os
dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con
poder en el hombre interior por su Espíritu. Efe. 3:14-16.
Esta oración de
Pablo es incomparable por su belleza y grandiosidad y humildad. El
apóstol comprende la magnificencia de un Dios amoroso y compasivo y
declara que dobla sus rodillas ante él.
Notemos que Pablo estaba en
la cárcel, pasando pa peor prueba de su vida, y puso su mirada en
las cosas celestiales.
Seguidamente añade
que Dios es el Padre de todo lo habitan el cielo y en la tierra.
Reconoce a una unidad según la cual los seres del cielo y los santos
de la tierra son una misma familia.

Pablo en su prisión sus pensamientos se aferraba a esa fortaleza a las promesas hechas por Dios, sabía que la única fuente de fortaleza no esta en nosotros mismos, sino “en el hombre interior” por medio del Espíritu Santo.
Nuestra voluntad es
elástica, manuable, acuosa, torcida, y deformada, una mente
inestable, Pero se afirma cuando esta bajo la influencia del Espíritu
Santo.
Aunque el hombre exterior haya sido golpeado por los avatares de la vida y se encuentre débil, el hombre interior recibe esa fuerza renovadora
Aunque el hombre exterior haya sido golpeado por los avatares de la vida y se encuentre débil, el hombre interior recibe esa fuerza renovadora
del Espíritu y su
fe se afianza.
Pablo sabía esto
por propia experiencia. Bajo ese aspecto exterior de sufrimiento y
presión, ropas maltrechas, y remendadas, en su interior rebosaba la
paz del cielo, pero gozaba y rebosaba de una fortaleza inquebrantable
más poderos que el imperio Romano.

La pregunta es:
¿Amamos lo suficiente a Jesús? Si esto fuera cierto, aprenderíamos
más de él, hablaríamos más de su amor, menos fútbol, menos
telenovelas, y más predicación. Pablo sentía amor por su Maestro,
y Tú y yo sentimos lo mismo.
Creo que los
cristiano deberíamos replantearnos cual es nuestra situación
interior. “¡Estoy perdido!” Vallamos humildemente a los pies de
Jesús y digamos Señor soy pecador “¡Ayúdame!”
Les
agradezco que sigan orando por mi vista.
Luis
José de Madariaga.
La
Biblia a través del tiempo.
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segunda venida apocalíptica
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