jueves, 15 de diciembre de 2011

LA RECOMPENSA DEL GANADOR DE ALMAS.

Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. (Dan. 12: 3).

Cuando pienso en esas palabras de Daniel, me sorprendo a mí misma despierta en la noche y repitiéndolas una y otra vez. . . . Mirad el sol y las estrellas puestos en orden en los cielos, y conocidos por sus nombres. El Señor dice: Los que enseñan la justicia a la multitud brillarán como las estrellas a perpetua eternidad. (foto. Los cielos cuenta la gloria de Dios).

A fin de determinar cuán importantes son los intereses que entraña la conversión del alma del error y la verdad, debemos apreciar el valor de la inmortalidad; debemos comprender cuán terribles son los dolores de la segunda muerte; debemos apreciar el honor y la gloria que aguardan a los redimidos, y entender lo que es vivir en la presencia de Aquel que murió para poder elevar y ennoblecer a los hombres, y dar al vencedor una diadema real.

Las mentes finitas no pueden estimar plenamente el valor de un alma. ¡Con cuánta gratitud recordarán los rescatados y glorificados a aquellos que hayan sido instrumentos de su salvación! (foto. Los salvos resplandecerán como el sol).

Nadie lamentará entonces sus esfuerzos abnegados y labores perseverantes, su paciencia, longanimidad y fervientes anhelos por las almas que podrían haberse perdido si hubiera descuidado su deber o se hubiese cansado de hacer el bien.

Entonces los que sean dignos de ir vestidos de blanco se hallarán reunidos en el redil del gran Pastor. Desde su trono, el Cordero saludará al obrero fiel y al alma salvada por su labor, y los conducirá al árbol de la vida y a la fuente de aguas vivas. (foto. Dios paseara con la primera pareja que formo a su semejanza).

¡Con qué gozo contemplará el siervo de Cristo esos redimidos, que podrán compartir la gloria de su Redentor! ¡Cuánto más precioso será el cielo para los que hayan sido fieles en la obra de salvar almas.
G.W.

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