viernes, 15 de enero de 2010

¿QUÉ CLASE DE PROMESA ES ÉSA?

Él le dijo: "Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte') S. Lucas 22:33.

La declaración de Pedro es la típica declaración humana. ¿Cuántas veces le prometiste fidelidad a Dios y no cumpliste?

¿Quiere decir que nunca debemos prometer nada a Dios? "Muchos dicen: '¿Cómo me entregaré a Dios?' Deseas hacer su voluntad pero eres moralmente débil, sujeto a la duda y dominado por los hábitos de tu vida de pecado. Tus promesas y resoluciones son tan frágiles como telas de arena. No puedes gobernar tus pensamientos, impulsos y afectos. La conciencia de tus promesas no cumplidas y de tus votos quebrantados debilita tu confianza en tu propia sinceridad y te induce a sentir que Dios no puede aceptarte; mas no necesitas desesperar. Lo que necesitas comprender es la verdadera fuerza de la voluntad. Este es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre: el poder de decidir o elegir. Todas las cosas dependen de la correcta acción de la voluntad. Dios ha dado a los hombres el poder de elegir; depende de ellos el ejercerlo. No puedes cambiar tu corazón, ni dar por ti mismo sus afectos a Dios; pero puedes elegir servirle. Puedes darle tu voluntad, para que él obre en ti tanto el querer como el hacer, según su voluntad. De ese modo tu naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo, tus afectos se concentrarán en él Y tus pensamientos se pondrán en armonía con él".

¿En qué consiste entregar la voluntad a Dios? El texto continúa: "Por medio del debido ejercicio de la voluntad puede obrarse un cambio completo en tu vida. Al dar tu voluntad a Cristo, te unes con el poder que está sobre todo principado y potestad. Tendrás fuerza de lo alto para sostenerte firme, y rindiéndote así constantemente a Dios serás fortalecido para vivir una vida nueva, es a saber, la vida de la fe" (El camino a Cristo, págs. 47, 48).

Cada día, al salir de casa, debes decir: "Señor, habita hoy en mí por medio de la presencia de tu Santo Espíritu. A ti entrego hoy mi voluntad pecaminosa; santifícala, por favor . Entonces, cuando llegue el momento de la tentación, vuelve a clamar a Dios; sin importarte lo que sientas, no te alejes de él, deja que habite en tu corazón. Su presencia santificará la pobre voluntad humana y llegarás a ser invencible por el poder maravilloso de Jesús. Te deseo un día lleno de victorias.

Pr. Alejandro Bullón

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