lunes, 11 de enero de 2010

ES PRECISO DECIDIR.

A pesar de eso, muchos, incluso de los gobernantes, creyeron en él, pero no lo confesaban por temor a los fariseos, para no ser expulsados de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. S. Juan 12:42, 43.

Una de las mayores barreras que las personas encuentran para seguir a Jesús es el prejuicio causado algunas veces por el estatus, y otras, por la presión social, religiosa o financiera.

En el capítulo 12 de San Juan encontramos tres diferentes actitudes de las personas con relación a Jesús. La primera es la de los griegos sinceros que siguieron a Jesús a pesar de entender que eso les causaría dificultades en el futuro, porque mantener sus nuevos principios en medio de la cultura griega no sería nada fácil (vers. 20-26).

La segunda actitud aparece en el versículo 37, de la siguiente manera: "Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él". ¿Puede existir una ceguera mayor que la del hombre que no quiere ver? Vivimos en un mundo agnóstico y lleno de incredulidad. Queremos llevar todo al laboratorio. Estamos dispuestos a ejercer fe en muchas cosas menos en los asuntos espirituales.

Si alguien que no conocemos nos muestra el camino, vamos en la dirección indicada inducidos por una fe inconsciente de que esa persona está diciendo la verdad. Pero cuando descubrimos alguna declaración bíblica, nos detenemos, pensamos y comenzamos a dudar.

Dios nos dio el derecho a la duda. Somos libres para aceptar o rechazar, para creer o burlarnos. Vemos brillar el Sol y no creemos en el Dios que lo creó porque nunca lo vimos, pero vemos un reloj y creemos que existe un relojero, aunque tampoco lo hayamos visto.

Ese tipo de personas existía en el tiempo de Cristo: "Vieron señales, pero no creían».

La última ciase de personas está descrita en el versículo de hoy. Son los temerosos. Aceptan la verdad en su corazón. No tienen una sola duda, por mínima que sea, pero tienen miedo de las personas, de la posición social, del "qué dirán". Viven en función de los compromisos sociales, profesionales o religiosos; aman más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

A lo largo de mi ministerio conocí a mucha gente así. Gente que, con lágrimas en los ojos, decía: "Pastor, sé que este es el camino, pero no tengo el coraje de romper con mis tradiciones y con tantas otras cosas que me amarran a esta vida. ¿Tendrá Dios misericordia de mí?"

Dios tendrá misericordia para continuar tocando a la puerta de tu corazón, pero no para tomar la decisión por ti, porque él te hizo un hombre libre, capaz de decidir.

Hoy puede ser para ti el gran día de la decisión. Ahora puede ser el minuto que estaba faltando en tu vida. ¡Dile sí a Jesús y sal transformado para desarrollar las actividades del día!

Pr. Alejandro Bullón

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