jueves, 28 de enero de 2010

LA PRIMERA VEZ

Le descubrió, pues, todo su corazón Y le dijo: "Nunca a mi cabeza llegó navaja, porque soy nazareno para Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como todos los hombres. Jueces 16:17.

Hace algunos años, en una ciudad del estado brasileño de Minas Gerais, un hermano me invitó a almorzar. Durante el almuerzo me habló del único hijo que tenía, un joven hermoso, de ojos límpidos y rostro infantil. Todavía era un adolescente, pero el padre ya hacía planes para el futuro del hijo querido.

"Va a estudiar Medicina" -decía-, "y cuando sea médico no precisará trabajar para nadie. Yo le construiré su propio hospital". ¡Cuántos planes, cuánta expectativa, cuántos sueños!

Un año después volví a la misma ciudad, y, después que hube predicado, ese hombre me buscó angustiado y me dijo: "Pastor, tiene que ir a mi casa y ayudar a mi hijo".

Al entrar en el dormitorio del joven no pude reconocerlo. ¿Dónde estaba el bello joven de un año atrás? Pálido, con el miedo reflejando en los ojos, parecía un tigre enjaulado, desesperado por salir. Las drogas lo habían hecho añicos. ¿Cómo es que una persona adquiere un vicio? ¿Cómo es que se transforma en esclavo de una situación que acaba con el respeto propio y con la dignidad humana?

La única manera de caer en los vicios es dando el primer paso. Siempre existe una primera vez, y es muy difícil. La segunda y la tercera siempre serán más fáciles, y el fin será la desgracia y la ruina.

"Nunca a mi cabeza llegó navaja", dijo Sansón. Allí estaba el secreto de su éxito. Vivía una vida de comunión con Dios y el resultado era que "nunca había pasado navaja sobre su cabeza". ¿Podía él decir: "Nunca pasó un cigarrillo por mis labios", o "Nunca pasó una gota de alcohol por mi boca"?

El poder de Sansón no estaba en el cabello. El cabello era nada más que un pacto de entrega, de dedicación y de comunión con la fuente de su fuerza: Dios.

Tú tampoco eres bueno por el hecho de que no fumas o no bebes, o no haces cualquier otra cosa errada. Serás bueno en la medida en que vivas una vida de comunión con Jesús. Pero si vives esa experiencia, entonces "nunca pasará algo equivocado en tu vida".

Recuerda: La mejor manera de evitar la esclavitud del vicio es rehusar la primera vez. Toma hoy la mano poderosa de Jesús y dile: "Señor, soy tu hijo, y quiero hacer un pacto de amor contigo. Ayúdame a mantenerme lejos de todo lo que te causa tristeza".

Pr. Alejandro Bullón.

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