Yo soy la vid y vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste llevara mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer. Juan 15:5.
La conexión de Cristo con su pueblo creyente y guardador de la ley esta ilustra por esta parábola como por ninguna otra. (basada en R.H. 1900).
No había la menor excusa para que sus oyentes malentendiera sus palabras.
La figura que uso Cristo era como un espejo puesto delante de ellos. Todos los que reciben a Cristo por la fe llegan a ser uno con él.
Los pámpanos no están atados a la vid; no están unidos a ella por algún proceso biológico. Están unidos de tal forma que llegan a formar parte de ella. Están alimentados por la raíces de la vid. Así los que reciben a Cristo por la fe llegan a ser uno con él en principio y en acción.

Es imposible que el hombre por propia fuerza escape del abismo del pecado en él que a caído y de frutos de sanidad. (CC.16).
Puede repetir el bautismo una y otra vez, pero en sí mismo no tiene el poder de cambiar el corazón humano. El corazón humano debe estar unido al corazón de Cristo, la voluntad debe estar sumergida en su voluntad, la mente debe llegar a ser una con su mente, los pensamientos deben ser reducidos a cautividad a él. . .

Contemplen toda la perfección que es su privilegio de alcanzar, y háganse la pregunta: ¿Puede verse la plenitud y la riqueza de la Vid Viviente -su bondad su compasión, y su misericordia y su amor -en mi vida y en mi carácter? (Ibid).
Maranata
Sigan
orando por la vista de mi esposa.
Luis
José de Madariaga.
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segunda venida apocalíptica
La
Biblia a través del tiempo.
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