martes, 20 de diciembre de 2011

EL JUICIO DURANTE EL MILENIO.

¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de la vida? (1 Cor. 6: 3).

Durante los mil años que transcurrirán entre la primera resurrección y la segunda, se verificará el juicio de los impíos. El apóstol señala este juicio como un acontecimiento que sigue al segundo advenimiento. (foto. El Juez y el escribano).

"No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor; el cual sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones". (1 Cor. 4: 5, VM).
Daniel declara que cuando vino el Anciano de días, "se dio el juicio a los santos del Altísimo" (Dan. 7: 22). En ese entonces reinarán los justos como reyes y sacerdotes de Dios. San Juan dice en el Apocalipsis:

"Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar". "Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años" (Apoc. 20: 4, 6). Entonces será cuando, como está predicho por San Pablo "los santos han de juzgar al mundo" (1 Cor. 6: 2). (foto. El juez juzga a los muertos en la 2º resurrección).

Junto con Cristo juzgan a los impíos, comparando sus actos con el libro de la ley, la Biblia, y faltando cada caso en conformidad con los actos que cometieron por medio de su cuerpo. Entonces lo que los malos tienen que sufrir es medido según sus obras, y queda anotado frente a sus nombres en el libro de la muerte.

También Satanás y los ángeles malos son juzgados por Cristo y su pueblo. San Pablo dice: "¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?" (Vers. 3). Y San Judas declara que "a los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día" (Jud. 6: VM).

Al fin de los mil años vendrá la segunda resurrección. Entonces los impíos serán resucitados, y comparecerán ante Dios para la ejecución del juicio "decretado". Así el escritor del Apocalipsis, después de haber descripto la resurrección de los justos, dice: "

Los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años" (Apoc. 20: 5). E Isaías declara con respecto a los impíos: "Serán juntados como se juntan los presos en el calabozo, y estarán encerrados en la cárcel; y después de muchos días serán sacados a suplicio" (Isa. 24: 22, VM).
G.W.

lunes, 19 de diciembre de 2011

BIENAVENTURADOS LOS QUE LAVAN SUS VESTIDURAS.

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. (Apoc. 22: 14).

¿Esperamos llegar al cielo al fin y unirnos al coro celestial? Como descendimos a la tumba así saldremos, en cuanto concierne al carácter. . . Ahora es el momento de lavar y planchar. . .
Juan vio el trono de Dios rodeado por un grupo, y preguntó:

"¿Quiénes son éstos?" La respuesta fue: "Son los que. . . han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero" (Apoc. 7: 14). Cristo los lleva a las fuentes de aguas vivas y allí está el árbol de la vida y el precioso Salvador.

Se nos presenta aquí una vida que se mide con la vida de Dios. Allí no hay dolor, pena, enfermedad o muerte. Todo es paz, armonía y amor. . .

Ahora es el momento de recibir gracia, fortaleza y poder para combinarlos con nuestros esfuerzos humanos a fin de que podamos formar caracteres para la vida eterna. Cuando hagamos esto, descubriremos que los ángeles de Dios nos servirán, y seremos herederos de Dios y coherederos de Cristo.

Y cuando suene la última trompeta, y los muertos sean llamados de su prisión y transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, se colocarán las coronas de gloria inmortal sobre la cabeza de los merecedores. Las puertas perlinas se abrirán para dejar entrar a las naciones que han guardado la verdad. El conflicto habrá terminado.

"Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo" (Mat. 25: 34). ¿Deseamos esta bendición? Yo sí, y creo que vosotros también. Dios os ayude para librar las batallas de esta vida, ganar diariamente la victoria y al fin estar entre los que arrojarán sus coronas a los pies de Jesús, pulsarán las arpas de oro y llenarán el cielo con la música más dulce.
Deseo que améis a mi Jesús. . . No rechacéis a mi Salvador porque él pagó un precio infinito por vosotros. Veo en Jesús encantos incomparables, y deseo que vosotros también los veáis.
G.W.

domingo, 18 de diciembre de 2011

CONTEMPLAD LAS COSAS ETERNAS.

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (2 Cor. 4: 18). (foto. las diversiones y el placer las riquezas de este mundo, son las que busca el hombre).

Si la iglesia estuviese dispuesta a vestirse con la justicia de Cristo, apartándose de toda obediencia al mundo, se presentaría ante ella el amanecer de un brillante y glorioso día. La promesa que Dios le hizo permanecerá firme para siempre. . .

La verdad, pasando por alto a los que la desprecian y rechazan, triunfará. Aunque a veces ha parecido sufrir retrasos, su progreso nunca ha sido detenido. . . Dotado de energía divina, [el mensaje] podrá abrirse camino a través de las barreras más fuertes, y triunfar sobre todo obstáculo. (foto. Dios cuida a su iglesia).

¿Qué sostuvo al Hijo de Dios en su vida de pruebas y sacrificios? Vio los resultados del trabajo de su alma y fue saciado. Mirando hacia la eternidad, contempló la felicidad de los que por su humillación obtuvieron el perdón y la vida eterna. Su oído captó la aclamación de los redimidos. Oyó a los rescatados cantar el himno de Moisés y del Cordero. (foto. Cristo esta satisfecho de su gran obra, redimió al hombre de su pecado).

Podemos tener una visión del futuro, de la bienaventuranza en el cielo. En la Biblia se revelan visiones de la gloria futura, escenas bosquejadas por la mano de Dios, las cuales son muy estimadas por su iglesia.

Por la fe podemos estar en el umbral de la ciudad eterna, y oír la bondadosa bienvenida dada a los que en esta vida cooperaron con Cristo, considerándose honrados al sufrir por su causa. Cuando se expresen las palabras: "Venid, benditos de mi Padre", pondrán sus coronas a los pies del Redentor, exclamando: (foto. El cristiano ve atraves del tiempo la ciudad de Dios).

"El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. . . Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria, y el poder, por los siglos de los siglos" (Mat. 25: 34; Apoc. 5: 12, 13).

Allí los redimidos darán la bienvenida a los que los condujeron al Salvador, y todos se unirán para alabar al que murió para que los seres humanos pudiesen tener la vida que se mide con la de Dios. (foto Cristo sentado en su trono celestial).

El conflicto terminó. . . Himnos de victoria llenan todo el cielo al elevar los redimidos el gozoso cántico: Digno, digno es el Cordero que fue muerto, y que vive nuevamente como vencedor.
G.W.

sábado, 17 de diciembre de 2011

LAS GLORIAS DEL MUNDO CELESTIAL.

Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera. (Isa. 64: 4).

Muchos han ansiado penetrar en las glorias del mundo del futuro y que los secretos de los misterios eternos les sean revelados; pero han insistido en vano. Lo revelado es para nosotros y para nuestros hijos. . .

El gran Revelador ha manifestado ante nuestras inteligencias muchas cosas que son esenciales a fin de que podamos comprender los atractivos celestiales y estimar la recompensa. . .
Las revelaciones de Jesús respecto de las cosas celestiales son de tal carácter que sólo la mente espiritual las puede apreciar.

La imaginación puede recurrir a sus más poderosas facultades a fin de imaginar las glorias del cielo, pero "cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Cor. 2: 9). Las inteligencias celestiales nos rodean. . .
Los ángeles de luz crean una atmósfera celestial alrededor del alma, elevándonos hacia lo invisible y lo eterno. No podemos contemplar sus formas con nuestra vista natural; sólo mediante la visión espiritual podemos discernir las cosas celestiales.

Nuestras facultades humanas serían aniquiladas por la gloria indescriptible de los ángeles de luz. Sólo el oído espiritual puede percibir la armonía de las voces celestiales. No es el plan de Dios que se despierten las emociones mediante descripciones ampulosas. . .

Con suficiente claridad se ha presentado a sí mismo, el camino, la verdad y la vida, como el único medio por el cual se puede obtener la salvación. En verdad no se exige nada más que eso.

Él podría conducir al alma humana hasta los umbrales del cielo y mostrarle, a través de la puerta abierta, la gloria que surge del interior del santuario celestial, y que resplandece a través de sus portales; pero debemos contemplarla por fe, no mediante nuestra vista natural.

El no olvida que somos sus agentes humanos, que debemos hacer la obra de Dios en un mundo totalmente marchito y malogrado por la maldición. En este mundo envuelto en la mortaja de la lobreguez moral, donde tinieblas cubren la tierra y oscuridad las naciones, debemos andar en la luz del cielo.
G.W. [Estos paisajes que son hermoso y vellos no podrán expresar la belleza de la tierra nueva que Dios esta preparando para los redimidos.] (El que suscribe este articulo).

viernes, 16 de diciembre de 2011

PENSAD EN LAS COSAS DEL CIELO.

Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. (Apoc. 7: 14). (foto. Juan ve a los santo que alaban a Dios).

Mientras estaba en visión, Juan vio un grupo de personas vestidas con ropas blancas. . . Estaban en el templo de Dios. Allí llegarán todos los que recurran a los méritos de Cristo y laven sus ropas en su sangre.

Se ha hecho provisión para que podamos sentarnos con Cristo en su trono, pero la condición es que estemos en armonía con la ley de Dios. . .

No podemos permitirnos perder el cielo. Debemos conversar acerca de las cosas celestiales. Allí no habrá muerte ni dolor. ¿Por qué somos tan remisos para hablar de esas cosas? ¿Por qué nos referimos siempre a las cosas terrenales?. . . (foto Pensando en las cosas del cielo).

Pronto vendrá Cristo a reunir a los que estén preparados para llevarlos a ese glorioso lugar. "Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos, y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan" (Heb. 9: 28). (foto. L a venida de Cristo, los Santo se regocijan).

¿Nos agrada pensar en ese acontecimiento o preferimos ignorarlo?. . . Cuanto más hablemos de Jesús, tanto más reflejaremos su divina imagen. Mediante la contemplación somos transformados.*

Necesitamos que Cristo forme parte de nuestra experiencia religiosa. Cuando os reunís, sea Cristo y su salvación el motivo de vuestra conversación. . . Mientras más hablemos de Jesús, más de sus incomparables encantos lograremos contemplar. (foto. Cristo en medio de la familia Cristiana).

Los que no hallan placer en pensar y hablar de Dios en esta vida, no gozarán de la vida venidera, donde Dios estará siempre presente, habitando con su pueblo. Pero los que se deleitan en pensar en Dios, estarán en su elemento respirando la atmósfera del cielo.

Los que en esta tierra amen los pensamientos relacionados con el cielo, se sentirán felices con las compañías y los placeres santos. . .

"Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes" (Apoc. 22: 3, 4). (foto. La familia habla de la venida de Jesús). G.W.

jueves, 15 de diciembre de 2011

LA RECOMPENSA DEL GANADOR DE ALMAS.

Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. (Dan. 12: 3).

Cuando pienso en esas palabras de Daniel, me sorprendo a mí misma despierta en la noche y repitiéndolas una y otra vez. . . . Mirad el sol y las estrellas puestos en orden en los cielos, y conocidos por sus nombres. El Señor dice: Los que enseñan la justicia a la multitud brillarán como las estrellas a perpetua eternidad. (foto. Los cielos cuenta la gloria de Dios).

A fin de determinar cuán importantes son los intereses que entraña la conversión del alma del error y la verdad, debemos apreciar el valor de la inmortalidad; debemos comprender cuán terribles son los dolores de la segunda muerte; debemos apreciar el honor y la gloria que aguardan a los redimidos, y entender lo que es vivir en la presencia de Aquel que murió para poder elevar y ennoblecer a los hombres, y dar al vencedor una diadema real.

Las mentes finitas no pueden estimar plenamente el valor de un alma. ¡Con cuánta gratitud recordarán los rescatados y glorificados a aquellos que hayan sido instrumentos de su salvación! (foto. Los salvos resplandecerán como el sol).

Nadie lamentará entonces sus esfuerzos abnegados y labores perseverantes, su paciencia, longanimidad y fervientes anhelos por las almas que podrían haberse perdido si hubiera descuidado su deber o se hubiese cansado de hacer el bien.

Entonces los que sean dignos de ir vestidos de blanco se hallarán reunidos en el redil del gran Pastor. Desde su trono, el Cordero saludará al obrero fiel y al alma salvada por su labor, y los conducirá al árbol de la vida y a la fuente de aguas vivas. (foto. Dios paseara con la primera pareja que formo a su semejanza).

¡Con qué gozo contemplará el siervo de Cristo esos redimidos, que podrán compartir la gloria de su Redentor! ¡Cuánto más precioso será el cielo para los que hayan sido fieles en la obra de salvar almas.
G.W.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

LA GRAN MULTITUD DE LOS REDIMIDOS.

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos. (Apoc. 7: 9).

Todas las clases, todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas estarán ante el trono de Dios y del Cordero con sus vestidos inmaculados y sus coronas adornadas con piedras preciosas. Dijo el ángel: (foto.Cristo recibe a la gran multitud).

"Estos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas y las han emblanquecido, mientras los amadores de placeres más que de Dios, los sensuales y desobedientes, han perdido ambos mundos. No tienen las cosas de esta vida ni la vida inmortal". (foto. Coronas para los redimidos).

Aquella multitud triunfante con cantos de victoria, coronas y arpas, ha pasado por el horno de fuego de la aflicción terrena cuando estaba caldeado y ardía intensamente. Vienen de la miseria, el hambre y la tortura, de la abnegación profunda y los amargos desengaños. Miradlos ahora como vencedores, no ya pobres, ni apenados, ni afligidos y odiados de todos por causa de Cristo. (foto Arpas para los redimidos).

Contemplad sus atavíos celestiales, blancos y resplandecientes, más preciosos que cualquier vestido real. Mirad por fe sus coronas adornadas con piedras preciosas; nunca una diadema semejante engalanó la frente de ningún monarca terreno.

Escuchad sus voces cuando cantan resonantes hosanas mientras agitan las palmas de la victoria. Una música hermosa llena el cielo cuando sus voces entonan estas palabras: "Digno, digno es el Cordero que fue inmolado y resucitó para siempre. Salvación a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero". (foto. Los ángeles tocan sus arpas y alaban a Dios).

Y la hueste angélica, ángeles y arcángeles, querubines cubridores y gloriosos serafines, repiten el estribillo de aquel canto gozoso y triunfal diciendo: "Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos" (Apoc. 7: 12). *

¡Oh!, en ese día quedará a la vista de los justos fueron sabios, en tanto que los pecadores fueron necios . . .Su paga será humillación y desprecio eternos. Los que hayan sido colaboradores de Cristo estarán entonces junto al trono de Dios, revestidos de pureza y del manto de la justicia eterna.
G.W.