
Hace muchos años fui invitando dirigir una semana de oración. Justamente antes de comenzar la primera reunión vino a verme un hombre preocupado.
-Por favor -ayude a mi hija/o, haga todo lo posible para que conozca a Dios y lo acepte.
Esta persona me contó como su hija/o que solo contaba con 9 años quería ser bautizada, pero su madre y yo pesábamos que era demasiado joven. Me seguía contando con lágrimas en los ojos. No fuimos lo suficientemente pacientes y compresivos para explicarle que era muy pequeña, pero con esta actitud apagamos la llama de amor que puso Jesús en su corazón.
Han pasado los años y nunca más ha vuelto a manifestar el deseo de ser bautizada y unirse con Jesús. Me decía con angustia que le ayudarse. Recuerdo cuando mi hijo me dijo lo mismo, Padre quiere ser bautizado. Yo lo consulte con mi amada esposa, y los dos estuvimos de acuerdo en que si el quería nosotros no se lo impediríamos.
¿Pero cuantos padres cometen el erro de no dejar a sus hijos entregarse al Señor por que son de corta edad? A lo largo de mi vida e prensenciado casos como esto, y sus hijos han cogido caminos que llevan a la destrucción, entre las drogas y el alcohol y las fiestas nocturnas.
Lo cierto es, que cuando hay una campaña evangelista donde se pone en las verdades presente, y el amor eterno que tiene Jesús hacía el ser humano, los corazones más duros se entregan al Señor. El Espíritu Santo toca los corazones más duros, y las fibras más duras del ser humano son entregadas al Señor. En el caso de esta persona, El joven, se entrego a Cristo, y llego a saborear el amor de Jesús.

"Una vez se preguntó a un eminente teólogo qué edad debería tener un niño antes de ser bautizado y ser cristiano. 'La edad no tiene nada que ver -fue la respuesta-. El amor a Jesús, la confianza, la calma, la fe, son cualidades que coinciden con la naturaleza del niño.
Tan pronto como un niño puede amar a su madre y confía en ella, puede amar a Jesús y confiar en él como en él Amigo más fiel, Jesús será el amigo inseparable del niño, y sera amado y honrado por Dios.
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