
El germen que se halla en la semilla crece en virtud del desarrollo del principio de vida que Dios ha implantado en él. Su desarrollo no depende del poder humano. Tal ocurre con el reino de Cristo. Es una nueva creación. Sus principios de desarrollo son opuestos a los que rigen los reinos de este mundo.
Los gobiernos terrenales prevalecen por la fuerza física; mantienen su dominio por la guerra; pero el Fundador del nuevo reino es el Príncipe de Paz. . . Cristo implanta un principio. Inculcando la verdad y la justicia, contrarresta el error y , el pecado.

El reino de Cristo al principio parecía humilde e insignificante. Comparado con los reinos de la tierra parecía el menor de todos. La aseveraciones de Cristo de que era rey fue ridiculizada por los gobernantes de este mundo. Sin embargo, en las grandes verdades encomendadas a los seguidores de Cristo, el reino de Evangelio poseía una vida divina.(foto,ciudad celestial).
¡Y cuán rápido fue crecimiento, cuan amplia su influencia! Cuando Cristo pronunció esta parábola, había solamente unos pocos campesinos galileos que representaban el nuevo reino. . . Pero la semilla de mostaza había de crecer y extender sus ramas a través del mundo.

Cuando pereciesen los gobiernos terrenales, cuya gloria llenaba entonces los corazones humanos, el reino de Cristo seguiría siendo un fuerza poderosa y de vasto alcance. De esta manera, la obra de la gracia en el corazón es pequeña en su comienzo. Se habla una palabra, un rayo de luz brilla en el alma, se ejerce una influencia que es el comienzo de una nueva vida; ¿y quién puede medir sus resultados? . . .(foto,árbol de Mostaza).
Y en esta última generación la parábola de la semilla de mostaza ha de alcanzar una notable y triunfante cumplimiento. La pequeña simiente llegará a ser un árbol. El último mensaje de amonestación y misericordia ha de ir a "toda nación y tribu y lengua" (Apoc. 14:6-14) "para tomar de ellos para su nombre" (Hech. 15: 14).-PVGM 62-64.
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