
En 1833. . . apareció la última de las señales que habían siso anunciadas por el salvador como precursora de su segundo advenimiento. [y por ende el fin del mundo]. "Las estrellas caerán del cielo". Y Juan al recibir la visión de las escenas que anunciarían el día de Dios, declara en el Apocalipsis:
"Las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando en sacudida por un viento fuerte". (Apoc. 6:13). Esta profecía se cumplió de modo sorprendente y pasmoso con la lluvia de meteoritos que cayo el 13 de Noviembre de 1833. Fue éste el más dilatado y admirable espectáculo de estrellas fugaces que se hayan registrado, pues "¡sobre todo los Estados Unidos el firmamento entero estuvo entonces, durante horas seguidas, en conmoción ígnea!
No ha ocurrido jamás en este país, desde el tiempo de los primeros

Jamás cayó más tupida que ésa en que cayeron los meteoritos hacia la tierra; al este, al oeste, al norte, y al sur era lo mismo. En una palabra, todo el cielo parecía en conmoción. . .
El espectáculo, tal como está descrito en el diario del profesor Silliman, fue visto por toda la América del Norte. . . Desde las dos de la madrugada hasta la plena claridad del día. . . todo el cielo estuvo constantemente surcado por una lluvia incesante del cuerpo que brillaban de modo deslumbrador". . .
Así se realizó la última de las señales de su venida acerca de las cuales Jesús había dicho a sus discípulos: "Cuando veáis todas estas cosas, conoced que esta ceca, a las puertas" (Mat.24:33). (Joel 2:10,11,30,31; 3:15,).
Después de estas señales, Juan vio que el gran acontecimiento que debía seguir a estros tres anteriores y que este último seria el definitivo. Este acontecimiento consistía en que el cielo se enrollara como un libro cuando es enrollado, [El lector se ara una pregunta: ¿como sera esto? En su venida, ¿que parte de nuestra Galaxia ocurrirá este acontecimiento? Cristo vendrá por la constelación de Orion y esta se enrollara como un libro.
En la tierra abr
Pero el día y la hora de su venida nadie lo sabe solo el Padre; Cristo no los ha revelado. . . El tiempo exacto de la segunda venida del Hijo del hombre es un misterio de Dios, ¡miremos como esta el mundo! Y reflexionemos en su palabra.
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