Jim tenia gran fe en Dios. Tenía fe para creer que "si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). (foto, la fe es confianza, los niños)
Creía en la promesa: "Invócame en el día de la angustia; te libraré y tu me honrarás" (Sal. 50:15). Creía en todas las promesas de la Biblia. Pero cuando conocí mejor a Jim, co

De algún modo eso no se aplicaba a Jim. Creía que Dios podía ayudar en tiempo de dificultad. Pero de alguna manera limitaba esa ayuda a otros; no podía imaginarse que Dios se molestara con Jim. Confiaba que no podría sobrevenirnos ninguna prueba que no pudiera ser resistida con fortaleza de Dios. Pero de alguna manera ese "nos" nunca lo incluía a él. (foto, el o sito tiene fe en la protección de su madre).
Por supuesto, la fe de Jim no era fe, pues una de las grandes pruebas de la fe depende de nuestra confianza en lo que Dios hará personalmente para nosotros. En realidad, Jim no es una excepción. Es tan común esta falta de fe, que ella se ocupa una profecía para estos últimos días: "También debes saber esto: que en los postreros días...[habrá hombres] que tendrán apariencia de piedad [parte de lo cual es una profesión de fe en Dios], pero negarán la eficacia de ella" (2 Tim 3:1,5).
En vista d

T. A. Davis
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