
A pesar de que Satanás se ha visto obligado a reconocer la justicia de Dios, y a inclinarse ante la supremacía de Cristo, su carácter sigue siendo el mismo. El espíritu de rebelión, cual poderoso torrente, vuelve a estallar. (Foto. Destrucción de la tierra).
Lleno de frenesí, determina no cejar en el gran conflicto. Ha llegado la hora

Pero entre todos los innumerables millones a quienes indujo engañosamente a la rebelión, no hay ahora ninguno que reconozca su supremacía. Su poder ha concluido. Los impíos están llenos del mismo
Se enardecen contra Satanás y contra los que fueron sus agentes para engañar, y con furia demoníaca se vuelven contra ellos.
Dice el Señor: "Por cuanto has puesto tu corazón como corazón de Dios, por tanto,
Al hoyo te harán descender". "Te destruyo, ¡oh querubín que cubres con tus alas! y te echo de en medio de las piedras de fuego. . . Te echo a tierra; te pongo delante de reyes para que te miren. . . Te torno en ceniza sobre la tierra, ante los ojos de todos los que te ven. . . Serás ruinas, y no existirás más para siempre" (Eze. 28: 6-8; 16-19, VM). . .
Dios hace descender fuego del cielo. La tierra se quebranta. Salen a relucir las armas escondidas en sus profundidades. Llamas devoradoras se escapan por todas partes de grietas amenazantes. Hasta las rocas están ardiendo.
Ha llegado el día que arderá como horno. Los elementos se disuelven con calor abrasador, la tierra también y las obras que hay en ella están abrasadas.
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