
Las palabras habladas a la mujer de Manoa contienen una verdad que las madres actuales harían bien en estudiar.
Los hábitos de la madre influirán en el niño para bien o para mal. Ella misma debe regirse por buenos principios y practicar la temperancia y la abnegación, si procura el bienestar de su hijos.
Si antes del nacimiento de su criatura ella es inestable, si es egoísta, malhumorada y exigente, la disposición de su prole llevará las marcas de su proceder erróneo... Pero si ella se adhiere a la verdad sin desviarse, si es amable, tierna y desinteresada, le dará a su hijo estos rasgos de carácter.
Tanto los padres como las madres están comprendidos en esta responsabilidad. Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos... La pregunta de todo padre y madre debe ser: "¿Cómo obraremos con el niño que nos ha de nacer?' Muchos han considerado livianamente el efecto de las influencias prenatales; pero las instrucciones enviadas por el cielo a aquellos padres hebreos... nos indican cómo mira nuestro Creador el asunto.
La madre si ha de ser una maestra idónea para sus hijos, antes del nacimiento de éstos debe formar hábitos de abnegación y dominio propio; porque ella les transmite sus

E. G. W.
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